Uno de los temas más recurrentes que aparecen en las columnas orientadas a la educación en los últimos tiempos ha sido el de los niños y los medios tecnológicos. Después de bastante camino recorrido desde que se crearon los celulares, tablets y otros, los que han sido puestos indiscriminadamente en manos de los más pequeños, generalmente como sustituto a "alguien" que los cuide o entretengan, la evidencia científica ha corroborado lo que el sentido común señalaba: que no es adecuado que tempranamente estén siendo utilizados por ellos.
Las recientes medidas tomadas en algunos países de Europa prohibiéndolos de los colegios incluso con preadolescentes, ha despertado la pregunta sobre su aporte y efectos negativos en el desarrollo infantil.
Es cierto que no es positivo que un niño esté temprana y permanentemente centrando su visual a una pequeña pantalla restringiendo su movilidad y consumiendo lo que venga, formando un actuar ansioso hacia lo inmediato, vertiginoso y muchas veces estruendoso; sin embargo, lo peor es lo que se pierden los párvulos al estar sujetos a ese "juguete" tan llamativo.
Para empezar, se pierde la presencia y actuar irremplazable de su familia con ellos; el habla, el canto, la caricia, los gestos, los juegos, el hacer y descubrir juntos, todo lo cual genera aprendizajes llenos de sentidos, contenidos y amor, lo que no entrega ningún "artefacto" por atractivo que sea. Pero junto con ello, hay otros aprendizajes de gran relevancia como es el modelamiento de valores, de actitudes, de formas de proceder, de conocer ciertas "verdades" y referentes esenciales para desarrollarse como un fantástico ser humano, lo que es en definitiva lo que más se requiere en el mundo actual lleno de incertezas e inseguridades.
En efecto, cada vez cuesta más distinguir entre lo que es cierto de lo que es falso; entre lo que es valioso y lo superfluo; entre lo que es justo y lo injusto; entre lo que vale la pena dedicar tiempo, esfuerzo y perseverancia, y lo que no aporta nada más que a placeres efímeros y la mayoría de las veces vinculados solo a lo individual perdiendo de vista el bienestar común y el avance de todos.
Por ello, es importante la formación de "humanos entre humanos" como lo han dicho tantos grandes pensadores, y como lo ha acentuado el papa León XVI en su última encíclica. Se hace necesario resguardar lo humano en estos tiempos, lo que significa entre otros, la sensibilidad, la verdadera sabiduría, la empatía con el otro, en fin el resguardo de todo lo valioso incluyendo nuestra afectada Tierra-madre.
Ya vendrán después los tiempos en que los niños y niñas serán jóvenes que, al estar formados en un sólido marco valórico, puedan discriminar entre las tecnologías e inteligencias no humanas que realmente se ponen al servicio de todas las personas, y que permitan que seamos manejados por ellas.
Por tanto, cuidemos la formación de nuestros niños y niñas, y piense que el mejor recurso educativo es usted, su familia, su comunidad, en la medida en que haya claridad y consistencia del actuar y generemos disponibilidad de nuestros tiempos dada su importancia. Tengamos presente lo relevante que es esa formación en sus descendientes que son los futuros constructores de este Chile y de la especie humana a la cual pertenecemos y que debemos proteger. ¿Habría algo más importante que eso? Lo dejamos a su reflexión.