Brasil, a la luz de la victoria de Lula, presenta aristas cruciales para la geopolítica global. En primer lugar, el gran vencedor en Sudamérica es Chile. ¿Por qué? Debido a las presiones del imperialismo estadounidense en decadencia, que fortalecen y alientan las pretensiones de Argentina -a través del gobierno de Javier Milei- sobre el Estrecho de Magallanes e intentan reinterpretar los tratados firmados, Chile se ve geopolíticamente incómodo y sometido a presión. Ante este escenario, su única posibilidad sería estrechar sus lazos con Brasil para fortalecer estratégicamente su posición, ya que Chile considera a Brasil un ancla para la estabilidad regional.
Si hubiese ganado Bolsonaro, el gobierno de Milei probablemente se habría visto doblemente respaldado para incomodar a Chile en la zona austral, dados los intereses de Estados Unidos e Israel en la Patagonia oriental. Sin embargo, con la permanencia de Lula en el gobierno de Brasil, Chile puede profundizar sus políticas de cooperación estratégica con ese país en todos los niveles.
Otro ganador es el grupo BRICS, y específicamente Rusia. Si bien Brasil probablemente se habría mantenido en el bloque, existía la preocupación de que un gobierno encabezado por Bolsonaro se distanciara de Rusia y se volviera funcional a los intereses estadounidenses en la guerra que este país sostiene con la OTAN en Ucrania.
No obstante, Brasil -y Lula, en particular- no están exentos de las presiones globales ni de las influencias ideológicas del globalismo. En este sentido, Ursula von der Leyen declaró: "Enhorabuena a mi amigo Lula. La democracia y el multilateralismo han ganado en Brasil. La asociación entre Europa y Brasil está floreciendo. Seguiremos a tu lado en los años venideros".
Estas palabras no solo muestran los intereses económicos involucrados en las relaciones entre la Unión Europea y Brasil, sino que también esconden una agenda ideológica global. Lula es un político pragmático y, si bien se identifica con un socialdistributivismo que no abandona el crecimiento de los mercados, podría verse influenciado por relatos ideológicos globalistas, como la ideología de género, la agenda del cambio climático y el sinodalismo, entre otros.
En este marco, las felicitaciones de Alex Soros a Lula reabren un debate marcado por la sospecha en torno al presidente brasileño. Todo este escenario político plantea una tensión fundamental para Lula, pues, si bien su gobierno mantiene una agenda de inclusión, también busca alcanzar un equilibrio con los sectores conservadores.
Como muestra de ello, a finales de 2025 el mandatario promulgó una ley que prohibió el uso del lenguaje neutro en las comunicaciones, los formularios y los portales oficiales del Estado. Junto con esto, su cercanía con Putin lo obliga a mantenerse relativamente alejado de la narrativa ideológica globalista.
Por ello, este nuevo período presidencial de Lula será un desafío muy interesante de seguir en profundidad. La pregunta es si veremos la sagacidad de un "crack" de la política o si el cansancio de la vida le jugará una mala pasada. Esperemos que predomine la habilidad del crack.