Yasna Yaupe era una madre de 18 años y fue atravesada por una bala, mientras amamantaba a su bebita, en el segundo piso de su casa. La vida de Dylan Obregón, de 8 años, terminó de golpe cuando viajaba en un microbús, rumbo a una feria navideña, y recibió un proyectil percutado por un delincuente que agredía a un adversario. Una bala que penetró por el techo de su modesta vivienda mató a Baltazar Díaz, de 9 meses, mientras dormía entre los brazos de su padre y de su madre.
Recuerdo que estaba en sesión de concejo, el 6 de junio de 2018, cuando recibí el reporte del baleo de un carabinero, en el sector norponiente de la comuna de la que soy alcaldesa, escenario de una larga y cruenta guerra entre las bandas narco de "Los Risas" y "Los Cogote de Toro". El cabo Óscar Galindo Saravia no sobrevivió al impacto que recibió en su cabeza, disparado por un menor de edad.
Son cuatro hechos brutales, que golpearon a comunidades enteras y que tienen en común dos cosas: Se ejecutaron con armas de fuego y en La Pintana. ¿Cómo se arman los delincuentes que han causado tanto dolor, a lo largo del país?
La PDI acaba de entregarnos una respuesta, puntual, por cierto, pero inmensamente preocupante: Ha detenido al líder de la Asociación Gremial de Armerías, Ennio Mangiola, y a dos supuestos cómplices, por la venta de armamento de guerra, precisamente a antisociales de nuestra comuna.
Si bien se trata de una investigación en curso, aparentemente muy bien lograda por la policía y la Fiscalía Metropolitana Sur, en vez de tranquilizarnos, nuestra preocupación ha crecido. No por el éxito policial, sino por el grave daño a la fe pública que genera que el líder del gremio que surte legalmente de pistolas y rifles a los civiles para que se defiendan de la delincuencia, haya estado, presuntamente, armando también al "otro bando".
Armas y balas para "buenos y malos". Solo visto en los más cruentos conflictos bélicos, en donde la industria del tráfico de armas, la más lucrativa del planeta, apuesta siempre "a ganador".
Se cae así a pedazos uno de los argumentos que el propio Mangiola repitió una y otra vez en los medios de comunicación, en donde barría con los planes gubernamentales de retirar las armas de fuego de manos civiles y de circunscribir su tenencia y uso a policías, Fuerzas Armadas y vigilantes.
Lo que sigue arriba es esa angustiosa sensación de que, con todo lo que hemos vivido y sufrido, hay vidas que valen menos que otras. Como las de Yasna, Dylan o Baltazar. O como la del cabo Galindo Saravia y las de tantos otros policías que han caído por el poder de fuego del crimen organizado. Paremos de una vez con todo esto. Paremos con el desprecio por la vida.