Acusémoslo a su empleador

En la intersección de dos angostas calles, vía local Carmen y pasaje Sara de Campo, comuna de Santiago, se está construyendo una elevadísima torre que tendrá más de 800 pequeños departamentos sin que la Dirección de Obras Municipales le exigiera al titular del proyecto el correspondiente Estudio de Impacto Sobre el Sistema de Transporte Urbano (EISTU), necesario para que el inversionista ejecutara a sus expensas las obras de mitigación vial.

A pesar de que la Ley General de Urbanismo y Construcciones (LGUC) establece que los Planes Reguladores Comunales (PRC), entre otras disposiciones, deben considerar las densidades habitacionales, en el caso de la comuna de Santiago con el propósito de incentivar los lucrativos negocios de la industria inmobiliaria, en su PRC no se observa la norma referida a la densidad, con lo cual se da pábulo al laissez faire más brutal.

Con esta ausencia reglamentaria ese municipio ha entregado una clara señal al mercado en orden a que “venga con su capital para acá porque aquí usted hace lo que quiera” y así se han materializado negocios inverosímiles por sus altos grados de irrespeto por el bien común. El debilucho ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) ha sido comparsa en estas experiencias non sanctas.

También debemos recordar que durante mucho tiempo, hasta que la Contraloría General de la República dijo basta, en el territorio de esa comuna se construyeron infinidad de torres habitacionales con la artimaña, conocida por todos los intervinientes, de que sus departamentos eran “viviendas sociales” para que así las constructoras regalonas obtuvieran una serie de beneficios económicos.

En razón a que la ejecución de las faenas de la torre que aludimos en el primer párrafo generaba una considerable contaminación acústica porque los capataces no adoptaban las prevenciones de rigor, la comunidad del edificio colindante localizado en el número 77 de la calle Carmen, formalizaron oportunamente la denuncia al alcalde Zalaquett y al presidente de la Cámara de la Construcción.

Es más, dicho político recibió en su despacho a los dirigentes de la comunidad ya que el ruido era francamente ensordecedor: algunos vecinos se vieron en la necesidad de mudarse a otros sectores. La organización gremial empresarial, como es habitual con las malas prácticas de sus socios, calló para siempre avalando con su silencio el proceder de la constructora involucrada.

Quien lideraba la protesta ciudadana ante el abuso descrito era un joven recién casado que arrendaba un departamento en el edificio cuyos residentes debían soportar los infernales ruidos de la constructora.

Este personaje, quien además es dirigente sindical en su lugar de trabajo, asumió con plena convicción la defensa de su comunidad y en tal sentido dijo, una y otra vez, con prodigiosa naturalidad, que la actitud abusiva de la constructora tenía que ser sancionada por las autoridades competentes.

Utilizando los medios electrónicos disponibles fustigó con suma energía al alcalde Zalaquett y a la imprudente constructora, como también a la Seremi de Salud, organismo del Estado que voluntariamente se resistía a fiscalizar las obras.

En un súbito arranque de probidad la Dirección de Obras de la Municipalidad de Santiago paralizó las bulliciosas faenas constructivas, pero rápidamente se arrepintió y le dio curso a la reanudación de los trabajos.

Como el protagonista de la demanda vecinal ya se estaba transformando en un actor muy molesto para quienes estaban lucrando con la construcción, los insensibles empresarios, con el apoyo de Zalaquett, no encontraron nada mejor que acusarlo por escrito a su empleador con el ánimo de castigarlo en donde más le podría doler: su fuente laboral.

La empresa constructora no aceptaba por ningún motivo la osadía de un simple ciudadano de a pie que se esforzaba en proteger la salud de sus vecinos y la suya propia.

No conocemos el desenlace de esa surrealista acusación, pero estamos seguros que será archivada por falta de méritos y por ser muy oportunista.

En todo caso, si en nuestro país existieran más ciudadanos con el temple del acusado, persona que en días pasados fue padre por primera vez, estamos ciertos que la corrupción inmobiliaria que nos corroe se irá gradualmente en retirada lo que, a todas luces, sería necesario para que exista cierta armonía y respeto en el desarrollo de la ciudad.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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