Cuando la ciudad olvida el río, los errores cuestan caro

El desborde del río Elqui y sus efectos sobre viviendas, caminos e infraestructura de agua potable en La Serena y Coquimbo recuerdan una verdad básica: los ríos necesitan espacio.

Una ciudad sustentable debe comprender el territorio, anticipar amenazas y planificar según sus dinámicas naturales. En 2021, la delimitación del Humedal Desembocadura del Río Elqui y sus Subcuencas Aportantes consideró un humedal con vegas, vegetación riparia y áreas de inundación temporal. Que un terreno esté seco por años, no significa que esté disponible para urbanizar.

El riesgo no era desconocido. Estudios previos cartografiaron zonas expuestas a inundación y quebradas aluvionales. Entonces, debemos preguntarnos ¿cuánto de lo sabíamos que podía ocurrir incorporamos realmente a la planificación?

Lamentablemente, en febrero de 2025 el Primer Tribunal Ambiental dejó sin efecto la declaratoria de Humedal Urbano "Río Elqui, Altovalsol a Desembocadura", otorgada en 2022. Más allá de las razones procedimentales, un humedal no deja de existir porque una resolución sea anulada. Su dinámica hidrológica permanece y, cuando llega una crecida, el río vuelve a mostrar el espacio que necesita.

Hubo una frase de un vecino en un matinal que me impactó especialmente: "Uno ve la oferta y compra". Es una frase simple, pero revela una enorme asimetría de información. ¿Cuántas personas saben, al comprar una vivienda, si está emplazada en una zona inundable, una antigua vega, un humedal o junto a una quebrada? ¿Conocen las obras de mitigación existentes y el riesgo que permanece aún con ellas?

Esta información no debería depender de que cada comprador sepa buscar e interpretar mapas técnicos. Es cierto, hay una crisis de vivienda, pero no significa vivir en un área inundable. Debemos avanzar hacia una ficha de riesgo territorial para la compraventa de viviendas, que informe de manera clara las amenazas, obras realizadas para mitigarlas y el riesgo residual.

Los errores en planificación urbana son invisibles durante décadas, hasta una inundación, momento en que los errores cuestan infraestructura, viviendas e, incluso, vidas.