Transición ecológica en la agricultura

En 1973 el economista alemán, Ernst Schumacher, publicó el libro Small is Beautiful (Lo pequeño es hermoso), causando un gran revuelo en círculos intelectuales. El modelo de desarrollo, y dentro de el, la agricultura industrial de la pos guerra, basada en la mecanización, en la motorización y en la genética de la Revolución Verde, empezaba a ser cuestionado en sus bases fundamentales.

Han pasado casi 44 años y hoy enfrentamos colosales desafíos mundiales, los efectos devastadores del Cambio Climático, el incremento de las desigualdades sociales, la disolución de los lazos comunitarios, la aceleración del desarrollo tecnológico (generado por las TIC, la biotecnología, la nanotecnología y las ciencias cognitivas), la crisis de representación del sistema político, las migraciones y la pérdida masiva de la biodiversidad, son sólo algunos de ellos. Esta realidad cuestiona un modelo de sociedad que está en su fase final y nos lleva a buscar enfoques alternativos.

Es en ese contexto que se inscribe la opción de INDAP por avanzar hacia una transición ecológica, económica y social que lleve a un nuevo tipo de agricultura en Chile. Para profundizar nuestra exitosa inserción en el mercado mundial, estamos obligados a encontrar un modelo de desarrollo que sea más inclusivo y más sustentable.

Esta opción conlleva múltiples líneas de acción: agroecología y protección de la biodiversidad; circuitos cortos de comercialización; acción local y fortalecimiento de las organizaciones de base; uso de energías renovables y reciclaje de desechos; innovación y capacitación en agricultura sustentable; alimentación saludable y de calidad; agroforestería y manejo silvopastoral; búsqueda de una mayor resiliencia de los territorios frente a catástrofes naturales.

Tal cual están las cosas, está claro que no podemos seguir impulsando acríticamente un modelo de agricultura de tipo industrial que no se hace cargo de sus externalidades negativas y que está cada vez más cuestionado por los ciudadanos de Chile y del mundo. 

Esto que es cierto para todo el sector silvoagropecuario lo es todavía más para el sector de la agricultura familiar campesina. Y, afortunadamente, ya son miles los productores que han comprendido que se puede producir de otro modo, con buenos resultados productivos y económicos. 

La preocupación por el medio ambiente y el interés por la agroecología ya no son modas intelectuales generadas en las universidades o en las ONG. Este enfoque está siendo aplicado por muchos usuarios de INDAP, ya sea que participen en PRODESAL, PDTI, SAT o en otros programas institucionales.

Es por ello que surgen por todo Chile grupos campesinos que están produciendo en forma orgánica, que promueven la biodiversidad, que están preocupados por el manejo de los suelos, o que simplemente reducen o eliminan el uso de químicos, para así vender productos sanos y de calidad.

El fomento de la agroecología surge como una alternativa de producción que incorpora conceptos y principios de la ecología al diseño, desarrollo y gestión de las explotaciones agrícolas, ajustándose armónicamente al modelo productivo que naturalmente desarrollan muchos productores y productoras de la agricultura familiar campesina.

¿Significa aquello la agroecología sirve sólo para predios pequeños? ¿Qué pasa si cambiamos de escala?  Es evidente que esta transición ecológica también debe involucrar a las medianas y grandes explotaciones. 

Afortunadamente contamos con experiencias paradigmáticas en Chile, como el fundo el Chequen, en Bío-Bío, impulsado por Carlos Crovetto desde 1959, y que se ha transformado en un indiscutido referente internacional en el área de la cero labranza.

Contamos también con la experiencia de la viña Santa Emiliana, o la de la empresa frutícola Greenvic, que han demostrado que se puede ser rentables especializándose en la producción orgánica. A ellos se suman muchos otros proyectos de medianas y grandes empresas que están en sintonía con este nuevo enfoque productivo. Es necesario que todas las empresas del sector comprendan que más que una amenaza, la transición ecológica es una gran oportunidad.

El desafío es grande y debe ser abordado de manera integral. Se requiere desarrollar capacidades, tanto de nuestros agricultores, como de los funcionarios y profesionales que trabajan en la generación y transferencia de conocimientos, sin olvidar que muchas veces son los propios agricultores quienes pueden transferir los conocimientos a otros agricultores o a los equipos profesionales.

Se requiere apoyar el financiamiento de inversiones y equipamientos que vayan en línea con los principios agroecológicos, así como también promover la innovación y la difusión de tecnologías que den respuestas a las problemáticas que nacen de la aplicación de este enfoque. 

También se requiere de nuevas normativas y cuerpos legales que generen incentivos (tributarios y otros) para avanzar en esta dirección.

INDAP está desplegando múltiples iniciativas para introducir los temas medioambientales en el centro de su agenda de trabajo: ferias locales vinculadas a nuestros programas de asistencia técnica; paneles solares en los proyectos de riego; prácticas conservacionistas en los programas de suelos; apoyo a las organizaciones de base; recuperación de semillas y de plantas tradicionales; expertos, seminarios y manuales técnicos sobre agroecología…  Sería largo intentar describir la multiplicidad de proyectos institucionales que buscan acelerar este proceso.  

Las tendencias ayudan, pues los consumidores están cada vez más sintonizados con la ecología, la inclusión social, la alimentación saludable o el bienestar animal. Pero el tiempo apremia y los desafíos son de gran calado. Hacer esta transición ecológica es factible.

¿Quién hubiera imaginado, pocos años atrás, la importancia que ha adquirido la energía solar en nuestra matriz energética? Este ejemplo ilustra lo que podemos llegar a ser, si somos capaces de hacer las cosas a tiempo, transformándonos en líderes y abriendo nuevas posibilidades de desarrollo.

Esperamos que el nuevo ciclo político que se avecina en Chile potencie lo que hemos avanzado, y al mismo tiempo, genere nuevas ideas y proyectos que aceleren esta insoslayable transición ecológica, económica y social que anhelan los ciudadanos.

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