Acuerdo para superar la crisis y enmendar errores

Al acotar el plazo para mostrar resultados concretos, tanto el gobierno como la oposición están actuado con seriedad. Si no se avanza (y eso se puede constatar en el lapso definido), quiere decir que lo que se busca es algún otro objetivo de segundo orden y nadie está dispuesto a perder el tiempo.

Este tipo de diálogos, no se dan nunca sólo por gusto sino también por necesidad. Si el gobierno no requiriera sumar apoyo político y, luego, respaldo social, no se habría invitado a una mesa de negociación. El ministro Sichel declaró que “si no somos capaces del acuerdo, vendrá la noche negra para muchas familias”, y esa no es la forma de hablar del que las tiene todas consigo.

Por su parte, la oposición no puede estar satisfecha de elaborar proposiciones para afrontar la crisis en curso que no son respondidas con formalidad.

La combinación de mesa política con trabajo a nivel técnico, con asiento en las comisiones de hacienda del Congreso, es una innovación interesante. Les otorga a las negociaciones una gran agilidad, las dota de una capacidad de concreción y amplía los participantes de manera significativa pero organizada.

Este esfuerzo estará coordinando el trabajo mancomunado de un número significativo de personas, ya que los que asisten a las reuniones son apoyados por equipo de especialistas. El sistema en cascada posibilita afinar propuestas y hacer consultas de arriba abajo y en sentido contrario de un modo muy eficiente.

En otras palabras, estamos hablando en serio. Es un intento real, no la ficción con fines comunicacionales. El mismo hecho que Piñera no participe directamente en las tratativas es un buen síntoma. Su presencia impediría que el oficialismo explore acuerdos con una mayor flexibilidad, algo que no podría suceder con el mandatario presente.

La oposición también facilitó las cosas. Hizo saber sus principales críticas, dijo de Mañalich lo mínimo que podía decir, pero no se quedó en este aspecto y se concentró en la búsqueda de acuerdos. Pesan las ausencias, en particular las de aquellos que podrían interesarse en participar luego de superada la suspicacia inicial, pero se puede afirmar que, con un poco de buena voluntad, el modelo que se está empleando permite la incorporación de más actores.

Buscar las exclusiones anticipadas sería un error mayúsculo, tanto porque sería inaceptable para la oposición, como porque el éxito en este caso significa establecer una agenda, acotada pero significativa, que apruebe proyecto de ley en el Parlamento, lo que debe contar con el más alto apoyo posible.

La oposición tiene que participar de este intento siendo coherente con su propio diagnóstico, la situación es grave pasando a crítica, y el gobierno no saldrá de la atolladero por si mismo. Lo decisivo es que el país encuentre soluciones que eviten los callejones sin salida a los que la expuesto el oficialismo.

Este no es un acercamiento por simpatía, es una colaboración focalizada en lograr que el país supere una crisis. Es una responsabilidad que a todos congrega.

Llegará el día en que nos propondremos ganarle a la derecha en una competencia normal, pero eso supone tener un país estabilizado y empezar a recuperar la normalidad. Las prioridades del momento no pueden ser más claras.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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