Chile lo hacemos todos

La semana pasada fuimos sorprendido con una noticia que poco honor le hace a nuestro país, el llamado por redes sociales a participar de una marcha denominada “anti-inmigrantes”, que más aún se vio enardecida por la proclama a asistir armados para así “defender” al país.

Más allá de toda agresividad e irracionalidad en esta condenable iniciativa, la polémica sucedida esconde mucho de lo que somos como país y de lo que algunos - ojalá muchos - trabajamos para no ser.

En primer lugar, como Comunidad Judía de Chile expresamos nuestro más enérgico rechazo a la denominada marcha, y valoramos el que la Intendencia Metropolitana haya denegado el permiso para su realización, como así también, que el mundo político y líderes de opinión, de manera transversal, se manifestaron contra ésta.

Nos parece que este tipo de iniciativas solo incitan a la discriminación, el racismo, el odio y la violencia. Y es por ello, que se hace cada vez más urgente contar con una legislación oportuna y robusta que condene toda incitación al odio, la que, lamentablemente desde hace ya varios años, aún descansa en nuestro Parlamento.

En segundo lugar, no somos indiferentes a este tema, y solidarizamos con quienes llegan a nuestro país en busca de mejores oportunidades.

Si se recorre la historia de Chile, es innegable que está construida gracias a grandes aportes de inmigrantes de las más diversas latitudes. La multiculturalidad y diversidad de visiones y costumbres, sin duda alguna nos enriquecen. 

Creemos que la mejor actitud que podemos tomar ante este tipo de condenables iniciativas, es trabajar por un Chile más democrático, pluralista y diverso, donde todos y todas aporten al progreso, crecimiento y desarrollo, independiente de su nacionalidad, credo, género o religión.

Más allá del impacto de su convocatoria, la solo idea de difundir una marcha de estas características, debe ser un llamado de atención, y una oportunidad para abrir el debate acerca de qué tipo de sociedad queremos construir.

Es sumamente necesario que las autoridades sean más enfáticas en legislar para contar con normativas que condenen estas situaciones. Como hoy no existen, se deriva en un libertinaje que permite marchas anti inmigrantes mal entendidas como defensa a Chile, violencia contra civiles, encuentros secretos de agrupaciones neonazis y manifestaciones antisemitas, que le dan una muy mala imagen, tanto interna como externa, a nuestro país.

Las medidas se toman cuando ya es demasiado tarde y sólo nos queda reaccionar, por lo que hay que ser proactivos en contar con herramientas legales que permitan evitar la incitación al odio, la discriminación y la violencia.

Contar con éstas, es hacer de Chile un país más seguro, democrático, abierto, inclusivo y acogedor, en definitiva, un mejor país. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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