Decadencia republicana

Paulatinamente la democracia chilena se fue plutocratizando, las corporaciones clientelares fueron hegemonizando los gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría, en donde el centro político, representado por la Democracia Cristiana renuncia a su proyecto de sociedad comunitaria y opta por una alternativa de poder bruto.

Tal hecho tenía antecedentes a inicios de los años '70, particularmente desde el momento del golpe de Estado en adelante, cuando don Renán Fuentealba Moena denunciaba a algunos como buenos para los negocios.

La izquierda, por su parte, simulando aceptar la democracia como forma de vida, no se demoró en volver a legitimar la violencia como medio de lucha política y asalto al poder en octubre de 2019, resucitando el pinochetismo que estaba en las mazmorras mentales de los chilenos. Tal hecho ya presentó indicios durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, en el que ya se había desnudado un cierto espíritu totalitario que empezó a rondar en el ambiente político de la izquierda.

La derecha, finalmente, ligada al fanatismo político durante mucho tiempo de la transición, había empezado a moderarse, pero debido a la insurrección terrorista, pierde la brújula, desbordándose como la palta del sándwich.

Todo este proceso culmina con la implosión del sistema de partidos donde el vaciamiento del centro, polariza la política chilena. Esto tiene como efecto que no existen actores dosificadores de las demandas políticas y sociales de ningún lado y, en consecuencia, se juega con propuestas maximalistas. Tal situación hace posible pensar que el próximo escenario traerá consigo la elección del último gobierno de la decadencia republicana. De este modo, esperando equivocarme, el próximo gobierno -más allá de quien sea el presidente- podría ser el que cierre una etapa de la República de Chile. Lo que nazca de ahí, no sabemos, pero sí debería ser distinto a lo que conocemos hasta la actualidad.

Finalmente, Gabriel Boric y José Antonio Kast, quienes disputen probablemente la segunda vuelta electoral, representan dos extremos de la misma moneda, la moneda de la decadencia republicana. El primero como representante del espíritu totalitario y del extremismo infantilista de izquierda, mientras que el segundo sería una salvación momentánea con el riesgo de terminar en un amiguismo y fundamentalismo ideológico lamentables. Dios nos pille confesados.

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