El acarreo hacendal y el cohecho moderno

Era chico y en el verano me llevaban a un fundo cerca de Villa Alemana. Parientes lejanos. Mi madre había muerto y era la mejor alternativa que encontró mi pobre padre, viudo. Lo pasábamos muy bien.

Me recuerdo como si fuera hoy, debe haber sido la elección de Alessandri el año 1958, el dueño del fundo reunía a todos los campesinos, inquilinos se llamaban, a sus mujeres, en un gran salón y les hablaba que al día siguiente debían ir a votar. La señora Raquel, a quien recuerdo de niño porque nos quería sacar el empacho con una plancha caliente, y ceniza, se agachaba y escondida entre la gente apelotonada, hacía el sonido de las ovejas y los carneros: beeeé, beeeé…

Siempre me impresionó ese acto de protesta semi escondida, y por eso he visto a sus hijos y nietos en los últimos años…Se heredó la dignidad. Al día siguiente, yo niño, me subí al carromato que repartía la leche y nos fuimos a Villa Alemana. Ahí llegamos a un corralón, así se llamaban, donde ya venían llegando los inquilinos, obligados, voluntarios, lecheras, peones, afuerinos y todos los nombres y apellidos del fundo.

El capataz se llamaba Mansilla. Los juntaba en grupos y les decía muy organizadamente que iban a ir a votar de a piños  de a ocho. Un fuego ardía al medio del corralón porque esa mañana era fría. Unas tazas de café se iban distribuyendo, unos panes amasados con algo para entretenerse y por ahí semi escondido, podía suponer, que “pasaba un fuerte”. No sé lo que sería, pero aguardiente sí era.

Al paso de la mañana iban y venían los campesinos, con sus ropas oscuras, sus sombreros alados, y sus semblantes inexpresivos. Al calor del sol que ya subía en el cielo se iba organizando el asado. El fuego se iba llenando de brasas y los palos cargados de carne como se hacía en esa época, se ponían sobre las crucetas. Porque siempre en el campo se comió asado al palo, nada que ver con los asados que se comen hoy en día. Era mucha carne aglomerada y pinchada en un asta puntiaguda. Volvían de votar con hambre y se ponían a la cola  y agarraban su buen pedazo de carne. Más allá unas damajuanas, hermosas botellas gigantescas cubiertas de pajas, esperaban atentas las necesidades de los votantes.

Mansilla preguntaba con voz potente ¿Quién falta para ir a votar?, y ya nadie respondía, con la boca llena de carne, el pan amasado en la otra mano y el “potrillo” de vino rebosante. ¿Cuánto haría un potrillo? ¿un litro?  O algo parecido. Era un enorme vaso que se llenaba hasta el borde.

La gente embrutecida comenzaba  subirse a los camiones, al coloso que tiraba un tractor o atrás del carro de la leche en que yo de niño iba arriba del pescante bien acompañado de Rubín Álvarez que no me dejaba de vigilar y comprender. Manejaba el caballo de tiro con dos riendas con una fineza infinita: un delicado golpe los hacía trotar y otro, más imperceptible aún, los detenía.

Así fueron las elecciones democráticas en Chile durante cientos de años. Acarreos, encierros, asados. Dicen, pero yo no lo vi, que les daban un zapato de una pierna y si ganaba el candidato le daban el de la otra pierna. Malditos. Alessandri cambió el sistema de votar por la “cédula única”. Una revolución en el sistema del cohecho. Antes cada candidato tenía sus papeletas. Fue un avance de la democracia. Pero el cohecho siguió, buscó nuevos derroteros, hasta que hoy, en que creemos que la democracia es tan perfecta nos damos cuenta de sus extremas dolencias.

Fui años después alumno de Paulo Freire, el maravilloso gurú de la educación popular brasilera.Venía arrancando de dictaduras de su país y tenía en sus ojos las experiencias del nordeste brasilero, de los sertaos y sertaneros. Comprendió que la gente debía aprender a leer y a la vez a tomar conciencia de su condición. Porque esas personas que se dejaban comprar por una damajuana de vino de mala calidad, no habían llegado aún a una condición suficiente de ciudadanía.

La ciudadanía es un proceso largo en que las personas adquieren un grado mínimo de autonomía. Rompen en sus conciencias las dependencias con el poder local, con los caudillos, con los patrones, con los hacendados, fazendados habría dicho Freire, en fin, se liberan sus conciencias y racionalmente escogen quien quieren que los mande. Votan por algunas razones mínimamente racionales, argumentadas, y no por un trago de vino. Es un proceso histórico en que los siervos pasan a ser ciudadanos. En Europa duró siglos, acá aún está en pañales.

Estos días de Alí babá y los Penta Ladrones, se me han venido estas estúpidas ideas a la cabeza.Los “choclos” han hecho siempre lo mismo: comprar conciencias. De eso no los acusa el Fiscal Nacional, y debería hacerlo, es la principal culpa, su principal delito; creyó como creen todos estos despreciables personajes que si le doy unas lucas a un pobre gasnápiro, va a salir congresal por la gracia de dios y mi esfuerzo personal. 

Pero mi indignación viene por otro lado, ¿cómo es posible que ya metidos de lleno en el siglo veintiuno exista tanta gente que sea seducida a votar por observar que alguien muestra el dinero a panza abierta?

Moreira le pide de rodillas a los penta ladrones que le de las últimas migajas, el “raspado de la olla”, ya que sabe que con ese dinero va a ganar. No era nativo de Chiloé, no sabía distinguir entre una isla y una península, nunca había visitado Yaldad, y la otra, con su sonrisa germana se cambió del barrio alto de la capital al electorado criollo, mestizo , mapuche y también ganó.

¿Quiénes votaron por ella? Esa sí que es una investigación digna de financiar por esas truchas comisiones de investigaciones sociales y científicas que reinan en este país. ¿Quiénes votaron por los acusados de la penta ladronería en las humildes poblaciones de Santiago? ¿Porqué votaron por ellos y ellas? Ese es el cohecho de los modernos.

Alguna vez improvisamos una hipótesis de que los inquilinos se veían a través de sus patrones.Viene de la vieja tradición del Cid Campeador: “hay que buen vasallo que tienes buen Señor”. Es la esencia del feudalismo. Me miro en mi Señor. Las Cartas de los primeros conquistadores chilenos que leí en su papel original, alguna vez,  en el Archivo de Indias de Sevilla, están llenas de esas expresiones. Mi Señor, Excelencia Reverendísima…yo su vasallo, su servidor, y sigue humildemente prosternándose frente a la autoridad. Esa subordinación está en el fondo aún de nuestra sociedad, y cuando se rebela, se transforma en delito.

En este momento el lector inteligente puede comenzar a sacar sus propias conclusiones, hipótesis, teorías o lo que quiera. Pero hay algo raro. La democracia puede ser manipulada de una manera terrible. Claro que con las  tonteras que se difunden por la tele, y la ausencia total de formación o educación cívica, y sigamos con los etc. , no vamos a ir muy lejos… Pero, podríamos decir en una forma exagerada, y sin pruebas factuales ninguna, salvo que el lector las tenga,  que el círculo vicioso es muy claro, son los mismos que antiguamente no querían que los inquilinos aprendieran a leer, los mismos que hoy en día  pagan a los candidatos para que vendan sus campañas y continúen con el cohecho de lo moderno.

¿Es que hemos logrado salir del vasallaje?, ¿es que hemos logrado salir del feudalismo brutal que ha azolado a la sociedad chilena a lo largo de su historia autoritaria? ¿es que tenemos un país de ciudadanos o no hemos siquiera llegado a esa condición?.

Dicen que van a hacer una Comisión sobre la relación ente Negocios y Política…bueno, que la hagan , pero piensen un poco en la multitud que vota por las razones más extrañas, y que en la mayoría de los casos vota porque huele el dinero que hay detrás de cada candidato de sonrisa amplia y generosa.

Ojalá que esa Comisión no se detenga en limitar los montos de las monedas que se usan para la actividad política sino en educar a la gente para que sean mejores ciudadanos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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