El estado de Excepción no es la panacea

Renovar la vigencia del estado de Excepción para la Macrozona Sur está lejos de lo que se ha querido mostrar como con logro para el Gobierno, porque la continuidad de esta ley de contingencia impuesta por sí sola sólo confirma el fracaso del Plan Araucanía, anunciado con bombos y platillos. Por ello coincido plenamente con la senadora Yasna Provoste en que "cada militar en la región es un retroceso en el diálogo", ineficacia del actual Ejecuivo, cuya acción se ha resumido en distintas puestas en escena y parafernalia sin algún tipo de avance.

Lamentablemente, el Estado no ha sido capaz de lograr una estrategia de reivindicación del pueblo mapuche, es difícil buscar soluciones meditadas y de largo plazo a temas complejos en tiempos electorales, y la violencia que observamos no tiene relación con esta legítima demanda. Compleja ecuación que creo sólo es abordable desde la perspectiva de una propuesta integral y conjunta.

Se nos pide esta prórroga con un débil argumento, de que la presencia militar es necesaria para apoyar y ejercer el control que debieran desplegar las policías, pero militarizar la región devela una debilidad del Gobierno ante la ausencia de una propuesta integral y consensuada para caminar hacia reconocer el derecho y reivindicaciones de las comunidades mapuches, que demandan la restitución de tierras ancestrales.

Entonces, lo peor que podemos hacer es tapar el sol con un dedo, porque este problema es de muchos años, todos los gobiernos han fracasado. Es cierto que hoy día se vive una situación de violencia extrema mucho más grave que la que teníamos hace un tiempo atrás, desconocer eso es cometer un error respecto los problemas objetivos que vive La Araucanía.

El hecho es que hoy el Gobierno es el que tiene la responsabilidad de resguardar el orden público, de garantizar el derecho de las personas, entonces esta prórroga no significa un respaldo a esta administración, sino un emplazamiento de que al termino de estos 15 días, será su responsabilidad venir a este Senado a explicar para qué sirvieron, qué se hizo. Insisto, no hay fórmulas mágicas para enfrentar esta solución, se requiere una propuesta integral y si se avanza en esa vía, bienvenido sea.

Diseñar esta política para buscar un entendimiento pasa por el reconocimiento a las reivindicaciones legítimas del pueblo mapuche, partiendo por sus derechos, su cultura, su lenguaje, su tradición y esa estrategia integral para enfrentar este desafío necesariamente tiene que contener lineamientos políticos, sociales, culturales y también económicos. Ese norte es el que no podemos perder hoy de vista al enfrentar esta situación, debemos privilegiar el sentido de bien común ante esta violencia planteada por grupos pequeños armados que tienen objetivos completamente distintos a los que son las reivindicaciones legítimas, consiguiendo la polarización y temor por la situación de indefensión que se vive en la zona.

Es lógica entonces esta desconfianza de los ciudadanos, pese a aquello no podemos desconocer el rol que tiene al respecto el Estado y es La Moneda la responsable de garantizar el orden, pero esta medida de excepción no es la panacea y menos se puede tomar como un cheque en blanco.

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