El triste centralismo chilensis

La importancia de la descentralización para el desarrollo de un país tan extenso territorialmente  como el nuestro no debería ser materia de discusión.

Sin embargo aún existe la figura fuerte de un Estado que toma las grandes decisiones en Santiago o en las capitales regionales, dejando muy de lado a aquellas localidades que necesitan la modernidad, la innovación y el desarrollo.

No es novedad de que muchas de estas localidades llamadas “patios traseros” sean solo consideradas en tiempos de elecciones donde el desfile de candidatos y autoridades que buscan su reelección participan en cuanta actividad se le invite y prometen el paraíso y después de aquello solo queda el recuerdo de un egoísta afán electoralista plasmado en una foto.

Es importante señalar que nuestro país necesita urgentemente avanzar y profundizar el proceso descentralizador buscando la acortar las brechas que existen entre el discurso descentralizador versus el objetivo de la política así como también las competencias de los gobiernos regionales, la instauración de una mayor autonomía financiera y la importancia del involucramiento de los ciudadanos en la gestión  de los gobiernos subnacionales y la consideración de la diversidad territorial.

El actual gobierno en su “slogan” dice “Chile lo hacemos todos” al parecer esa solamente es una frase que suena interesante, pero solo de una perspectiva marketera, ya que si nos inmiscuimos en el reciente Plan Regional anunciado para la Región de Valparaíso que centra sus ejes de desarrollo en materias de turismo y patrimonio cultural, modernización de obras de infraestructuras hospitalaria y educativa, plan de descontaminación ambiental, escasez hídrica, mejoras viales, solo son consideradas las grandes ciudades y aquellas provincias que están cercanas a la capital regional.

Así quedan en absoluto desmedro a aquellos sectores considerados patios traseros como las Provincias de San Felipe y Los Andes que en tiempos de campaña electoral se les prometió entre otras cosas un segundo túnel de Chacabuco, una ampliación del Merval que conectara a Valparaíso con La Calera con posibilidad de extensión a Los Andes, un estudio de un hospital bi provincial para San Felipe y Los Andes con unidades especializadas para evitar que pacientes con patologías oncológicas deban viajar más de 2 horas a tratarse a Valparaíso, etc.

Claramente no existe un espíritu descentralizador por parte del Estado, lo que implica que no existe un mínimo de acercamiento entre el lugar donde se toman las decisiones y el lugar del problema, o donde existe la necesidad que se busca hacer frente.

Es clave para un país que se vanagloria de ser signatario de la OCDE y que busca incesantemente el desarrollo implementar políticas públicas más atingentes a la realidad territorial de cada localidad, reduciendo la burocracia existente y generando vías más expeditas de participación ciudadana y no viendo esto solo como un mísero afán electoralista que se traduce en una guerra de codazos por solo salir en una foto. 

Un país desarrollado es aquel que es capaz de integrar a los diversos territorios a través de una economía descentralizada y justa, que sea capaz de democratizar las grandes decisiones, ya que en un Estado de derecho como el nuestro todos los ciudadanos debemos tener acceso al desarrollo de manera igualitaria, sin importar el lugar donde vivimos. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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