Es el tiempo de las y los trabajadores

Se cumplen 30 años del retorno de la democracia tras los 17 años de la dictadura de Pinochet, período oscuro de nuestra historia donde se conculcaron todos los derechos laborales, derecho a la salud, la previsión, educación y se reemplazaron como bienes de consumo, siendo estos pilares del modelo neoliberal, que desde el 18 de octubre del año 2019 es el objeto de las demandas ciudadanas que se manifiestan en las calles de nuestro país. 

Los acuerdos de la transición impidieron que las promesas se cumplieran en favor de las y los trabajadores. El Plan Laboral de José Piñera fue fortaleciéndose en la medida que las políticas económicas neoliberales, disfrazadas bajo el velo del cartel de la “economía social de mercado”, fueron dejando a las y los trabajadores con una escasez franciscana de derechos, sin contar que la organización sindical sufría las consecuencias de la precariedad laboral. 

La primera mitad de la transición fue marcada por los acuerdos, los pactos político empresariales, donde los gremios del poder económico tenían la batuta y lo hacían sentir bajo los flashes de la fantasía del crecimiento a costa del desarrollo. Y los más afectados fueron las y los trabajadores que sufrieron los embates de las crisis neoliberales de 1998 y de 2008. 

Sin duda que los gobiernos de la Concertación no contribuyeron en la creación de una legislatura que protegiera los derechos laborales, salvo algunos muy pequeños avances.

De hecho, el primer gran avance fue la reducción de 48 a 45 horas semanales laborables, acto que se concretó en 2005 y que tuvo un libreto similar al que hemos visto en el proyecto de reducción a 40 horas: campaña del terror por parte de los sectores conservadores. Y curiosamente, en el primer gobierno de Sebastián Piñera se concretó la extensión del permiso maternal pos natal a seis meses. 

A la acción de las elites políticas y económicas debemos sumar que la organización sindical, se mantuvo desarticulada por años.

Primero por consecuencia de la brutal represión y persecución de miles de dirigentes sindicales durante la dictadura, que terminó por romper el tejido social forjado por las tremendas luchas dadas por décadas, que convirtieron al movimiento de trabajadores chilenos en un actor político y un ejemplo en Latinoamérica.

Y segundo, porque la organización sindical entró en el juego propuesto por la transición y perdimos mucho tiempo para formarnos y reorganizarnos. Los últimos años, en el marco de la reforma laboral propuesta por la presidenta Bachelet se aceleró el proceso de rearticulación y movilización sindical reposicionando al movimiento sindical como actor político. 

Y llegamos al año 2020, treinta años después de que el dictador le pasara la banda presidencial a Aylwin, con el desafío enorme de asumir la responsabilidad histórica de que los trabajadores y trabajadoras cumplamos con la tarea de fortalecer la movilización social y la democracia en nuestro país. 

Hoy en pleno proceso constituyente debemos estar presentes en la difusión del “Apruebo” a la nueva Constitución y Convención Constitucional, integrada exclusivamente por miembros elegidos popularmente y estar presente en los debates que definan el nuevo marco político social que definirá el carácter que tendrá nuestra democracia en los años venideros.

Por eso es que hacemos un llamado para que el 26 de abril, nos levantemos temprano y vayamos a votar y posteriormente defender el voto como apoderados. Esos son los desafíos para construir un Chile más justo e inclusivo. 

Es una oportunidad que no podemos desaprovechar y hacer valer el rol de los trabajadores y trabajadoras en nuestra historia. Hoy sí que es posible.

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