Estado y bacterias

La Asistencia Pública de Santiago tiene infección intrahospitalaria que ha complicado el caso de un fallecido por agresión de un grupo neo-nazi. A la denuncia de parlamentarios responde el ministerio de Salud con una querella.

Una bacteria que vive en el intestino en paz con el huésped hasta que las defensas de éste bajan y se vuelve patógena, adquiere resistencia a antibióticos y es difícil controlarla.

Pero ¿tiene el Gobierno que controlar las infecciones intrahospitalarias con gérmenes resistentes de todas las clínicas de Chile?

¿Puede cada servicio hospitalario incluyendo al privado controlar sus infecciones internas?

Hay pacientes que migran de hospitales públicos a privados y viceversa. Las infecciones hospitalarias con gérmenes multi-resistentes es un problema nacional, porque implica la protección de todos los ciudadanos por igual y un complicado escenario ecológico intrahospitalario.

Es un problema del Estado de Chile. Pero, no hay Estado de Chile. No hay un grupo de expertos técnicos, profesionales, científicos que tenga a cargo el control de las infecciones intra-hospitalarias y que sea independiente de los partidos políticos, de los gobiernos, parlamentos y tribunales de turno.

Este control implica un estudio profundo de los genomas de microorganismos, virus, bacterias, hongos, protozoos y animales parásitos pequeños.

El estudio genómico de sus resistencias a fármacos y anti-micro-bióticos. No hay políticas de Salud ni un cuerpo que la esté generando, actualizando y fiscalizando permanentemente.

La Unidad Popular inició una conducta nefasta en Chile, que fue aceptada gustosa por la Dictadura Militar; la Concertación la actualizó y profundizó y la Alianza goza de ella casi orgásmicamente.

Este monstruo cívico consiste en la consideración que toda organización directa del pueblo de Chile, independiente de los partidos políticos y de los poderes del Estado debe desaparecer o someterse al poder político o económico.

Según esta conducta, el pueblo de Chile por ningún motivo debe tener un desarrollo autónomo. Es decir el desarrollo del bien común de los chilenos tiene que estar supeditado al control del Gobierno o de los poderes fácticos económicos.

Así se destruyó toda posibilidad de Estado de Chile que es su organización para su bien común.

Se critica al régimen de Stalin, Hitler o Mussolini pero no se cae en cuenta que en Chile en muchos aspectos fundamentales de la vida se está peor. La vida de la mayoría de los chilenos esta determinada sin grados de libertad autónomos, por las grandes empresas nacionales y transnacionales o por los poderes ideológicos del estado en connivencia con estas empresas.

Casi apocalípticamente no se puede comprar ni vender si no se tiene en la mano (forma de obrar) y en la frente (forma de pensar) el signo de la bestia, que en este caso es la ganancia económica, o en propiedades o en poder.

No se puede defecar, ni orinar, ni tomar agua sin enriquecer a empresarios españoles que ponen sus condiciones de precios a esas funciones humanas.

Los que no tenemos acceso al dominio de propiedades, capitales o poder político, que reducen la vida, somos la nada misma en cuanto a decisiones libres y autónomas.

Entre el consumo en supermercados o tiendas de la oligarquía o tener que trabajarle a ella se nos van los dos tercios de nuestra vida y nos queda el tercio para dormir y consumir lo que les hemos comprado.

No hay un cuerpo orgánico para la Educación en Chile (independiente de partidos, gobiernos y poderes fácticos) que planifique, ejecute y fiscalice la política de desarrollo educacional equitativo a 25, 50 y 100 años plazo.

No hay un cuerpo orgánico con el mismo oficio sea en Salud sea en Energía. Tres empresas gobiernan más del 80% de las decisiones en Energía en Chile.

No existe un organismo similar para el crecimiento y desarrollo urbano y vial en Chile.

Tampoco lo hay para la conservación ecológica y el desarrollo sustentable. Es falso que Chile sea neoliberal o incluso liberal. Pocos empresarios emparentados gobiernan a Chile y el poder Ejecutivo y el Legislativo son comparsas de ellos.

Tres cadenas de farmacias, que incluso se ponen de acuerdo, gobiernan el expendio de más del 80% de los fármacos. En Chile se tiene un mercado cautivo y para más remate protegido por la ley y la Constitución, exactamente lo contrario de un régimen liberal.

La desigualdad en los impuestos es patética, los ricos pagan menos y aumenta la desigualdad. Es raro que nadie diga que la reforma tributaria debe ser en primer lugar en justicia: todos pagan el mismo impuesto, personas, capitales, propiedades, etc. Después se hacen ajustes finos.

Se amenaza o chantajea con la no inversión de los capitalistas en un régimen de justicia impositiva, con lo que dan un certificado de que no quieren la igualdad en Chile.

Los capitalistas mediocres que no sean capaces de crear riqueza con equidad e igualdad de impuestos ¡que se vayan! En Chile hay miles de empresarios que los reemplazarían rápidamente con empresas equitativas y justas en contribuciones estatales.

Le tienen miedo a Chile autónomo, creativo y libre por eso las leyes protectoras anti-liberales.

Le tienen miedo a la organización autónoma cooperativa o comunitaria y a esa no sólo la han prohibido por ley sino que la han perseguido e incluso exterminado con la tortura y el asesinato.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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