Estimados pasajeros, aplaudan al piloto: está aprendiendo

Es interesante el caso de la buena recepción pública de la posible candidatura presidencial de Beatriz Sánchez. Es demostrativo de varias cosas. Por cierto, es el reconocimiento de un prestigio profesional bien ganado y de una imagen pública muy positiva. También habla que el espacio para comunicadores cercanos y creíbles no es el patrimonio único e irrepetible de una sola persona. Muestra a las claras que los “políticos profesionales” (dado el desprestigio de las instituciones) no gozan de ningún estatus especial a la hora de concitar interés y entusiasmo.

Pero creo que, al final del camino, los ciudadanos no podrán eximirse de tomar una decisión sin considerar la condición propiamente política del puesto de Presidente de la República al que tantos aspiran. La Presidencia requiere de la capacidad, forjada con esmero por largo tiempo, de tomar decisiones de alcance nacional, en ambientes donde sobran dudas y campean los conflictos.

Es distinto comentar las decisiones de otros que tomar las propias. La capacidad de conducir se aprende conduciendo, tal vez en espacios más reducidos, pero habiendo pasado por una y mil pruebas. Este es un camino que hay que hacer antes. La Moneda es un punto de llegada, no un punto de partida.

El candidato tiene que aportar certezas y no incógnitas. Es un problema que mucha gente no tenga la menor idea de cómo se comportaría un personaje en el caso de tomar el mando de La Moneda. Mayor problema aún es que ese mismo  personaje no tenga la menor idea de cómo el mismo actuaría llegado el momento. Y no lo sabe porque nunca se ha visto expuesto a situaciones ni remotamente similares a aquellas que pueden ser habituales al mando de la nación.

Es curioso. Muchos de los más entusiastas seguidores de un candidato alejado de las decisiones públicas, no aceptarían subirse ni amarrados a un avión cuyo piloto no hubiera estado nunca en una cabina, pero que alegara a su favor el no haberse perdido jamás una película de aviación, o viniera de tener vuelos simulados en computador.

De igual modo, muchos correrían despavoridos si, antes que se cerrara la puerta, escucharan decir a la azafata por el altavoz: “Estimados pasajeros, démosle un fuerte aplauso de aliento al piloto: es su primer vuelo, está aprendiendo y se encuentra muy nervioso”. Son los mismos que, si fueran a una corrida de toros, y se enteraran que el torero fue recién sorteado entre el público, no dudarían en apostar por el toro y en encomendar al novel torero a su ángel custodio.

Los que no se pondrían en riesgo junto a decenas de personas, por no contar con las suficientes garantías en la conducción de un vehículo, o de ningún modo participarían de un espectáculo donde se colocara en irresponsable peligro una vida, consideran pertinente, al mismo tiempo, experimentar con el país “a ver cómo nos va”. Sí, es curioso.

Hay más, sin embargo. Para la presidencia no basta con estar personal y anímicamente preparado. También lo tienen que estar un equipo amplio de colaboradores cercanos. No se gobierna en solitario sino junto a muchos unidos tras un propósito y un liderazgo.

Ocurre que los equipos no se encuentran ni se encargan a domicilio sino que se conforman. En política la definición y selección de un elenco es un arte eximio. Nada garantiza que personas altamente calificadas en algún área, piensen parecido, congenien entre sí y sepan confluir tras un interés común.

Al mismo tiempo, el ámbito de selección de los colaboradores no puede ser muy estrecho porque solo hay mayoría donde hay diversidad. Esta es una prueba exigente para un candidato presidencial, porque podrá abordar tantos desafíos prioritarios se proponga, como equipos solvente y bajo su mando disponga para encararlos.

Por eso las campañas han de ayudar a dirimir. Se puede empezar buscando figuras, pero hay que terminar encontrando líderes. Primero nos encontramos con imágenes, pero luego hemos de ubicar personas con calado y profundidad. Al principio se ven cualidades personales, pero hay que llegar a considerar en paralelo sus cualidades públicas. En el inicio pienso en quien más me gusta a mí, y luego llego considerar quien más necesita el país. O sea la campaña ha de servir para abrir horizontes y profundizar la mirada.

Esto que digo, claro, es válido para quienes, en una elección presidencial busca elegir presidente. Hay quienes, legítimamente, buscan expresar otra cosa.

Algunos buscan perfilar un punto de vista particular o un tópico relevante que considera postergado. Como quien dice, ellos están en una “campaña de sensibilización” la que, bien llevada, puede ser muy útil para poner temas en la primera línea de preocupación ciudadana. Con ello se puede conseguir que ciudadanos alejados de los procesos electorales se interesen por el debate, ya que su centro de atención preferente está representado, a veces con gran lucidez y elocuencia. Todo ello está muy bien, pero deja intacta la necesidad de dirimir (si se quiere en segunda vuelta) entre las opciones con mayor adhesión, centradas en el aquí y ahora.

Hay también otros que tienen una opción presidencial pero no para el 2018, sino para una elección posterior. Esto también es legítimo, puesto que están “acumulando fuerzas” para una mejor ocasión. En este caso, se presenta un candidato para evitar optar entre las alternativas hoy predominantes. Esto me parece jugar limpio y según las reglas. Están apostando por sí mismos y eso es plenamente legítimo.

Normalmente la construcción de una mayoría no es un asunto de interés inmediato, pero no debiera ser un aspecto ausente o dejado de lado. Por cierto se puede dar una sorpresa, y sorpresas ha habido. Pero si se piensa con detención, ahora o después se necesitará del apoyo de otros, y no se puede jugar a la equidistancia perfecta con los demás sin salir finalmente perjudicados. Así como tratas serás tratado.

Volviendo al argumento central, quiero decir que a la presidencia se ha de llegar haciendo la mejor política posible, y no renegando de ella o creyendo que se la puede reemplazar por otra algo distinto. Los meritos en otras actividades no son cupones se que cajeen cualidades en el servicio público, por la misma razón que ser un eximio pianista no habilita para ser un excelente cirujano. Se puede ser las dos cosas, pero habiéndose probado y calificada en cada aspectos.

Quiero señalar como un ejemplo de buen político que aspira a la presidencia (es raro decirlo así, pero son los tiempos que corren) a Carolina Goic. Sus méritos en este campo pueden ser resumidos sin dificultad.

Tiene más de una década de experiencia en el parlamento, ha tomado las riendas del PDC en un momento crítico y lo ha unificado e integrado bajo su liderazgo; pasa la prueba de la coherencia entre lo que ha dicho y lo que ha hecho; ubica con firmeza a su colectividad dentro de la centroizquierda y no tiene problema para combinar diálogo con capacidad de tomar decisiones. Otro aspecto me parece de importancia, pertenece a la generación que está liderando la democracia y no ya a la que condujo la transición a la democracia, un relevo completamente necesario de realizar.

Insisto en que se trata de constataciones, no de convicciones. En esto cada cual debe formarse su propio juicio. Lo único que pido es que se mire con atención como actúa Goic. Puede que le llegue a interesar.

Muchos analistas piensan que ya no hay tiempo para poder proyectar una figura nacional, y que la carrera presidencial ya estaba cerrada antes entre los participantes conocidos. No lo comparto. Este diagnóstico de partida requiere de dos elementos: de cuánta satisfacción ciudadana exista con las opciones ya presentadas y, también, de cuán importante siga o no siendo las méritos propiamente políticos al momento de definir la situación. Creo que el país sigue buscando en quien confiar.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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