Ética y No-más AFP's

No-más AFP dijeron los afiliados. Soy uno de los afortunados de una pensión INP-IPS. No debería reclamar, pero veo a mis colegas que han dedicado una vida a la educación superior con jubilaciones de hasta un cuarto o menos de su salario. El que haya cientos de miles de personas recibiendo pensiones iguales o inferiores a $250.000 es gravísimo.

No convencen los argumentos  de economistas que dicen que con unos ajustes del sistema se puede lograr pensiones mejores ¿Cuánto mejores? Se necesita mejorar en 3 o más veces esas pensiones para que sean suficientes para vivir con una calidad de vida aceptable. El problema no se resuelve con ajustes del sistema, porque los sueldos en Chile son muy bajos y si no se mejoran sustantivamente, el problema no tiene arreglo.

No se van a mejorar porque el sistema capitalista oligárquico chileno, dueño mayoritario, también, con algunas firmas transnacionales, de las administradoras y comisiones de AFPs, nunca ha querido mejorar el salario en Chile.

Si el 53,5% de los trabajadores chilenos gana menos de $300.000 mensuales (menos de $426.000 líquido), el sistema, asegurando la mitad de ese salario por 15 años una vez jubilado, no va a arreglar nada.  

Podría un arreglo del sistema favorecer a sólo el 16% que gana más que $652.000 líquido, pero quedamos en la más grande injusticia y aún esos con pensiones que en promedio difícilmente superarán los $500.000 mensuales.

Se necesita una solución radical. Debemos pensar no sólo en previsión social de ingresos, sino en seguridad social que incluya garantizar además, calidad de vida integral para el que ya no trabaja y para la mayor parte del que lo hace.

Aún la seguridad social integral se queda corta ante el verdadero desafío de un desarrollo socio-económico-cultural integral y armónico, que incluya además del ingreso y calidad de vida, fomento de salud, educación completa continua (desarrollos de autonomías intelectual, estética, moral y espiritual), programas de desarrollo  culturales, deportivos, artísticos, espirituales, de autonomías energéticas, nutricionales y de viviendas, de consecución y distribución del tiempo de ocio para alcanzar el desarrollo de todos equitativamente.

Este sistema previsional se basa en que mientras uno trabaja deposita un ahorro que en Chile es del 10% del salario. Si trabaja 40 años y este depósito se reajusta sin desvalorizarse, teóricamente cuando jubila, recibirá una pensión igual al promedio del salario percibido durante los 40 años, o a la mitad de su salario de término sólo por 4 años, y la cuarta parte de ese salario por 8 años pos jubilación. Algo más que la miseria que se recibe ahora.

El sistema pone ese dinero depositado a trabajar para que capitalice más dinero y se duplique o triplique, de tal modo de extender el pago de un salario cercano a la remuneración promedio recibida por 15, 20 o más años. Este aumento lo realizan los administradores y comisionados que manejan esos fondos y lucran al máximo con ellos de tal modo que reciben ingresos muy superiores a los de los afiliados al sistema.

El dinero de los imponentes es “éticamente” de su  propiedad y por lo tanto todo negocio que se haga con esos fondos es también propiedad de ellos, toda ganancia debería reinvertirse en las pensiones al momento de jubilarse.

No es así. Los afiliados no pueden controlar el monto de los salarios de los administradores ni de las comisiones que sus fondos producen. Esto es éticamente un robo porque no está en el consentimiento del afiliado, y el consentimiento amplio y abierto  que pueda darse en un contrato como estos no tiene ninguna validez.

Éticamente toda la ganancia obtenida con los fondos de pensiones debería quedar y distribuirse entre los afiliados al sistema. Así el sistema distribucional cambia radicalmente desde una organización capitalista a uno cooperativo de distribución equitativa de las ganancias.

La Dictadura-Cívico-Militar-Neoliberal captó este detalle y para dejar el amplio negocio lucrativo de estos fondos de pensiones a las administradoras y comisionados, simplemente prohibió que fueran cooperativas, contradiciendo lo liberal o neoliberal del sistema (la economía chilena, de facto, no tiene nada ni de neoliberal, ni menos de liberal, es oligárquica-oligopólica). 

Si todas las ganancias se repartieran en los afiliados, se conseguiría un aporte sustantivo a las pensiones pero seguirían siendo bajas por los salarios bajos, aunque ya no pensiones misérrimas.

La educación, la salud, la previsión, la energía (la necesaria para la vida diaria), la vivienda, la seguridad y en general el desarrollo socio-cultural armónico y equitativo son labores de Estado, y sólo el Estado puede garantizar que sean realizadas con equidad, con amplia cobertura, al menor costo, con pluralidad, con probidad, transparencia y sin lucro.

No hay otra solución que el verdadero Estado, que no existe en la actualidad en Chile, se haga cargo de este programa de desarrollo civilizacional, tomando en sí mismo la mayor parte de la producción de energía, la producción minera, silvo-agro-pecuaria y comercial.

El crecimiento sin desarrollo es peor, porque es el principal factor de desigualdad y de pobreza relativa, se necesita cambiar cualitativamente e incorporar el concepto de desarrollo integral y equitativo.

Chile no debe trabajar principalmente para las grandes empresas transnacionales  o de pocos chilenos.

Chile debe ser principalmente para los chilenos y este es el único modo de garantizar que el trabajo de la gente y todas sus ganancias puedan ser repartidos equitativamente entre todos.

No es un problema de impuestos, es decidir que Chile y todos los chilenos tomemos el control real de nuestra producción y de nuestro desarrollo armónico, integral y liberador. 

Podría ser que toda gran empresa tenga al menos el 51% de propiedad del Estado. La inversión de los fondos de pensiones en estas empresas estatales garantizaría la seguridad social integral.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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