Kafka, Chile y los sextos

Este breve texto fácilmente pudo llamarse “una interpretación Kafkiana de la Historia reciente de Chile”, pero claro, con semejante título hubiera ahuyentado a cualquiera que anduviera de paso por estas páginas. Pero ciertamente este simple escrito, pequeña reflexión nocturna del descontento, es en sí, una interpretación de nuestra historia reciente, interpretación que se hace de la mano de Kafka, que mejor.

Kafka, en su relato “Comunidad” escribe.

“Somos cinco amigos, hemos salido uno detrás del otro de una casa; el primero salió y se colocó junto a la puerta; luego salió el segundo, o mejor se deslizó tan ligero como una bolita de mercurio, y se situó fuera de la puerta y no muy lejos del primero; luego salió el tercero, el cuarto y, por último, el quinto. Al final formábamos una fila. La gente se fijó en nosotros, nos señalaron y dijeron: «Los cinco acaban de salir de esa casa». Desde aquella vez vivimos juntos”.

Estos cinco amigos, en Chile, luego del Gran Asalto (1973) de los poderosos, anduvieron juntos, crecieron juntos, pelearon entre sí pero siempre siguieron juntos. Pactaron permanecer unidos para no perder el control. Cuando la cosa se ponía dura, ellos siempre lograban salir del caos bien parados. Y claro, la gente tenía toda la razón cuando decía “los cinco acaban de salir de la casa”, la casa grande, la gran casa incendiada que ellos, los cinco, ayudaron a reconstruir para poder mirar todo el territorio a sus pies. En definitiva los cinco amigos en Chile, lograron sacudirse el polvo, limar asperezas (algunos de ellos eran rebeldes sin causa y masticaban en silencio una melodía de elite para el pueblo), acordaron el camino y dibujaron un arcoiris.

En el mismo relato, Kafka agrega.

“…Sería una vida pacífica, si no se inmiscuyera continuamente un sexto. No nos hace nada, pero nos molesta, lo que es suficiente. ¿Por qué quiere meterse donde nadie lo quiere? No lo conocemos y tampoco queremos acogerlo entre nosotros. Si bien es cierto que nosotros cinco tampoco nos conocíamos con anterioridad y, si se quiere, tampoco ahora, lo que es posible y tolerado entre cinco, no es posible ni tolerado en relación con un sexto. Además, somos cinco y no queremos ser seis…”

Claro, estos cinco amigos para el caso chileno, afianzaron tanto su pragmática amistad que no miraron al “otro” que observaba desde una distancia importante cómo estos cinco súper-amigos se repartían todo. Este otro hacía señas para que lo vieran, pero nada. Y este otro, el sexto, fue acusado de extraño, de peligroso y se le persiguió hasta de noche. Recibió condenas y estuvo preso, salió libre pero cesante, conoció bonitas siglas como el PEM, el POJH y otras menos gratas como DINA, CNI. Barrió calles y organizó ollas comunes… todo mientras los cinco amigos organizaban su amistad.

Algunos de estos cinco amigos miraban al sexto y querían acogerlo, pero los otros salían al paso y le hacían ver su pacto. Eran cinco y no seis. Así es que el sexto, ese sexto adelgazado, torturado e ignorado esperó y siguió esperando.

Se acordó revisar los daños que los cinco amigos, ya sea por acción u omisión le habrían causado al sexto. Salieron los cincos por la tele cantando el himno patrio y exclamando que NUNCA MÁS!! El sexto se esperanzó, pero no lo invitaban a las cenas, no le subían el sueldo, mientras los cinco controlaban la bolsa, las forestales, los colegios y universidades privadas, el transporte y las carreteras, el sexto se endeudaba… el boom económico pasó muy rápido para el sexto que no entendió lo de las tarjetas… en fin… de la noche a la mañana la Matadero Palma pasó a ser la D05 y el sexto tuvo que acostumbrarse.

Kafka concluye su relato.

 “…ya estamos juntos y así permanecemos, pero no queremos una nueva unión, y precisamente a causa de nuestras experiencias. ¿Cómo se le podría enseñar todo al sexto? Largas explicaciones significarían ya casi una acogida tácita en el grupo. Así, preferimos no aclarar nada y no le acogemos. Si quiere abrir el pico, lo echamos a codazos, pero si insistimos en echarlo, regresa.”

En Chile, el sexto comenzó a enterarse de los negocios de los cinco amigos. Ellos aparecieron peleando entre sí, pero solo para la tele… estaban enojados con el sexto, ahora quería una especie de nuevo contrato social!!! Maldito Rousseau!! Exclamaron,pero con todo, no incluían al sexto que afuera de la casa grande, donde vivían los cinco, pedía la verdad. Dentro de la casa estaban los cinco amigos preocupados, se miraron y al final rieron, no era la primera vez que pasaba esto.

Ahora, el sexto de mil rostros exige un nuevo contrato social, una asamblea constituyente, adentro de la casa grande los cinco amigos ya firmaron su nuevo pacto. Tan amigos como siempre.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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