La oportunidad de colaborar con una nueva Constitución

El triunfo arrollador del “Apruebo” en el plebiscito del 25 de octubre, abre un camino institucional y pacífico para superar las divisiones y redactar una nueva Constitución. En el plebiscito de 1988, el 54% votó por terminar con Pinochet; en 2020 el 78% voto por terminar con la Constitución de su dictadura.

Se inicia ahora una nueva etapa de la historia política y emergerá otra generación de líderes. Nace la oportunidad para convenir nuevas formas de vida en común, relevar los valores que nos unen y reformar la estructura del poder. Y esa labor se realizará en una Asamblea constituyente que se elegirá en abril 2021 y, por vez primera en el mundo, estará compuesta por igual número de hombres y mujeres.

Dos grandes propósitos dominarán las deliberaciones: la demanda por mayor participación con una distribución más equilibrada del poder, y la conquista de mayor igualdad real de derechos. La gran aspiración de la mayoría es configurar un “estado social de derecho” que conduzca a un nuevo pacto social.

El éxito final dependerá de la unidad electoral de los partidarios del cambio para lograr una mayor representación en la Asamblea, y la inteligencia y responsabilidad para articular un nuevo consenso nacional. No será fácil, pues el debate constitucional ocurrirá en medio de una crisis sanitaria y económica; y estará jalonado de 5 elecciones: gobernadores, alcaldes, diputados, senadores y presidente de la República. Sin embargo, hay fortalezas.

Chile cuenta con capacidad institucional para procesar las controversias y existe disposición al acuerdo. La cultura política chilena es reformista, y a la vez moderada.  Los partidos fueron capaces, en 2019, luego de una gigantesca movilización social, de un gran entendimiento por una nueva Constitución. Y esa capacidad está presente y disponible. La magnitud del resultado permite ser optimista de la capacidad social y política para escribir la Constitución del siglo XXI.

El triunfo representa la gran esperanza de iniciar un proceso de transformaciones por una vía institucional. Cada país de América Latina deberá encontrar caminos de consenso para afianzar la democracia y los derechos humanos, combatir la desigualdad y la pobreza, generar empleos decentes, elevar la participación política, diversificar su actividad productiva con más tecnología, educación e innovación, y proteger el medio ambiente.

Es un desafío gigantesco, que requerirá unidad de propósito, fuerza política y capacidad de gobernar, para alcanzar más igualdad, sostenibilidad ambiental, avance educativo y tecnológico.

Es una tremenda oportunidad para reflexionar cómo cambiar las relaciones sociales, promover y respetar los derechos, la diversidad, el feminismo, cuidar el planeta, desarrollar la digitalización al servicio de todas las personas, y colaborar internacionalmente por una gobernanza global pacífica y multilateral.

Por cierto, el articulado de una constitución no incluye fórmulas para abordar cada uno estos problemas, pero proyecta el espíritu y los valores que una comunidad desea compartir, y establece la estructura de poder institucional que permite recorrer el camino hacia la democracia, con respeto de los derechos económico-sociales.  ¿Como ayuda la prospectiva?

La constitución no es un programa de gobierno ni una lista de aspiraciones, pero define los valores que inspiran a una sociedad y la estructura de poder para adoptar las decisiones democráticas.

La prospectiva puede contribuir a este debate constitucional en Chile.  Es una ocasión imperdible para aportar una reflexión de futuro, analizar los escenarios posibles y optar por los deseables. Es el momento de recoger las aspiraciones ciudadanas a través de la deliberación organizada y aprovechar la enorme conectividad digital para la consulta y participación amplia de todas las personas.

Este debate constitucional, que aspira a trazar caminos largos, se beneficiaría de los estudios de futuro y de una participación activa de los expertos en Prospectiva. El Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia ha manifestado su disposición a colaborar en esta tarea.

La prospectiva está evolucionando. Una de sus prioridades es cómo acercar el pensamiento de futuro a las decisiones que deben adoptar los gobiernos, especialmente apremiados en medio de las consecuencias sanitarias y económicas de la pandemia.  Se trata de una prospectiva vinculada a la política. Y para lograrlo es indispensable aplicar una metodología de consultas y debates amplios, no de un grupo de iluminados, sino con las organizaciones de la sociedad civil. Se trata de una prospectiva vinculada a la ciudadanía, que recoge sus visiones y aspiraciones.  

Un resultado positivo de este proceso sería la instalación permanente de espacios de deliberación sobre escenarios de futuro y estrategias alternativas, con participación de los distintos sectores de la comunidad.

La incorporación de jóvenes es esencial, pues ellos deberán manejar el mundo en los años que vienen.

Una reflexión conjunta sobre los futuros posibles y el futuro deseado ayuda a conformar una sociedad más unida y solidaria, no una fragmentada y paralizada. Una deliberación permanente sobre los escenarios permite advertir a tiempo las desviaciones e insuficiencias, y anticipar soluciones, nuevos programas y políticas.

Para alcanzar éxito es esencial la voluntad de concordar, la disposición a la búsqueda de acuerdos, respetando la conducción de la mayoría y los derechos de la minoría. Y ya sabemos que cuando se piensa el futuro junto a otros, se acercan posiciones, pues se constata que la magnitud de los desafíos obliga a colaborar entre todos los seres humanos para atenuar los riesgos y elevar los beneficios compartidos.

Al impulsar la deliberación colectiva sobre el futuro, la prospectiva contribuye a los acuerdos y con ello se va transformando en una prospectiva para la acción

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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