La respuesta institucional frente a la crisis

Cuando la institucionalidad se debilita es tierra fértil para que surjan populismos, que sabemos es un camino peligroso para cualquier país.

En Chile, la crisis de confianza afecta prácticamente a todas las instituciones.  Los índices de aprobación de estas marcan mínimos históricos en las encuestas.

El estallido social ha profundizado este distanciamiento de los ciudadanos.

Por lo tanto, podríamos estar frente a un cuadro muy pesimista para el futuro del país.  Sin embargo, las señales que se están dando, en cuanto a la respuesta del sistema político, merecen ser reconocidas.

A tres meses de detonada la crisis, estamos en medio de un proceso constituyente, con características únicas, que incluyen la paridad de hombres y mujeres y representación especial de pueblos originarios en la futura convención que debe aprobarse en abril.

Se hizo una reforma tributaria y se dejó abierta otra más, para hacer frente, con respuestas de fondo, a las demandas que prioriza la gente en materia de pensiones, salud e ingresos.

Todo esto se ha logrado con acuerdos muy mayoritarios de los diversos sectores políticos, a pesar de que el Gobierno se encuentra en minoría en ambas Cámaras.

No son muchos los países que pudieran construir una respuesta de este tipo frente a la magnitud de la crisis que hemos vivido.

Esta es una de las paradojas de nuestro tiempo.

A pesar de que el sistema político está en el suelo, golpeado, sigue generando las respuestas que permiten una salida institucional al conflicto.

Algunos dirán que esta reacción es a contrapelo de su voluntad. 

Esto no es verdad.

La asamblea constituyente, la reforma tributaria y las reformas en materia de previsión y salud, vienen siendo planteadas por la actual oposición y, en particular, por el Partido Socialista, desde hace muchos años.

Por cierto, los socialistas y la oposición, hemos cometido errores.

Durante muchos años, faltó fuerza para defender nuestras ideas.  Pero lo más importante es que faltó la fuerza del pueblo, de la gente movilizada, de las organizaciones.  Poder para convocar y representar a todas aquellas personas que hoy muestran con radicalidad su malestar.

Es cierto que existe la amenaza del populismo.   Nada está asegurado.

Pero tengo confianza que, aun con sus problemas, a pesar de las dudas y contradicciones del gobierno y la debilidad de los partidos y el Congreso, la madurez de nuestro sistema político y el protagonismo de la gente, seguirán abriendo paso a un camino institucional que se haga cargo de las demandas de la gente, con más democracia y justicia social, lejos del populismo y las respuestas fáciles.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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