La violencia

La violencia observada en el Instituto Nacional no es más que parte y una forma de reflejo especular de la violencia que emerge cotidianamente en el país. Bombas, quemas en la Araucanía, asaltos, asesinatos, peleas en las calles son relatos e imágenes recurrentes en los medios de comunicación.

Si se dan las condiciones, emerge en cualquier lugar. Es parte de un campo de violencia simbólica que acontece en acciones agresivas especialmente en manos de algunos adolescentes y jóvenes, donde este tipo de comportamiento se ve favorecido por las características impulsivas de esa etapa del desarrollo, ligado muchas veces a la ira secundaria a la frustración por necesidades insatisfechas en el presente o en su historia personal familiar.

La violencia se cultiva y educa, al igual  que la empatía, la bondad, la compasión, el respeto por el otro y la búsqueda del bien común a través de comportamientos pacíficos.

Pero cuando los actos violentos se cristalizan grupalmente y de forma organizada con violencia planificada, con o sin liderazgos visibles, lo que se observa es un medio de lucha ligado a un ejercicio destructor de dominación y poder, y su sentido, debe buscarse junto a los factores anteriores, en realidades anómicas, a veces con tintes anarco nihihilistas  y también políticamente ideológicas.

Sí la supresión de la violencia se considera sólo un reto técnico a través de medidas prácticas pragmáticas de control y prevención, qué sí deben ser realizadas, y no también un reto adaptativo que implica profundas transformaciones culturales sociales educativas paradigmáticas  y nuevos aprendizajes, la resistencia a los cambios impedirá su manejo, más aún se favorecerá su desarrollo al largo y corto plazo.

Un estudio alarmante  en los jóvenes mostró que la mayoría prefiere hoy medios violentos para resolver los conflictos. El fin justifica los medios. El problema hoy es ético moral.

No olvidemos eso sí, la frase de Ana Frank en su diario del campo de concentración de Berger-Belsen: “A pesar de todo, creo que la gente es buena en el fondo de su corazón”.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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