No sé llamarla de otro modo, pues aún ilumina el camino con recuerdos que estremecen y que, a la vez, devuelven a ese lugar en el tiempo, donde la vida supo ser plenamente feliz. La inspiración, sin embargo, no es solo una experiencia individual. En algunos surge desde la motivación, la valoración de las ideas y/o desde la memoria personal; en otros, desde el encuentro con otros y en la construcción de un proyecto colectivo. Es allí donde la política debiera encontrar su sentido más profundo.
Por ello, para Gramsci, la inspiración se relaciona con la capacidad de crear sentido común y liderazgo intelectual y hasta moral. Es cuando los líderes inspiran a otros, cuando logran representar ideas colectivas. No solo en Chile, la política tiene una doble condición: puede ser fuente de inspiración personal y/ colectiva o simplemente un lastre que bloquea, pero acá vemos que predomina una desconexión entre la política institucional (Congreso) con la inspiración social, que vive a diario en lo territorial.
La concentración del debate en el ámbito parlamentario, con toda la importancia que ha demostrado tener, pero que carece de valoración social, ha tendido a desdibujar el quehacer local y territorial. Lo grandes temas son tratados por los medios de comunicación, pero allí donde la vida cotidiana se organiza y donde las decisiones tienen efectos concretos, la política institucional aparece distante, muchas veces incapaz de generar sentido o convocatoria. Pero es ahí donde hay inspiración social, y colectiva.
Esa falta de conexión de quienes tienen un mandato de representatividad, donde predomina la construcción de la "imagen digital", y por esa vía inspirar a partir desarrollar el culto a la personalidad, ha tendido a desdibujar lo colectivo. Pues dirigentes vecinales, sociales, sindicales, deportivos y estudiantiles -así como en autoridades locales y a veces regionales- persiste una forma de acción que convoca, que moviliza y que mantiene viva la participación. Es en esos espacios donde la política aún logra inspirar totalmente.
Pareciera que todo este debate sobre el personalismo, y a la falta de convocatoria para inspirar a las mayorías, es decir de liderazgos, favoreciera al gobierno, pues las declaraciones del ministro de Hacienda, los recortes prometidos en campaña por Kast a los programas sociales y una rebaja presupuestaria del 3% en los servicios públicos comienzan a ser evidentes en la atención cotidiana. Hasta los nuevos y desastrosos datos de desempleo parecieran no inmutar, solo es posible visualizar sentidas declaraciones que ayudan a alejar al ciudadano trabajador o diríamos desempleado cuya inspiración es seguir buscando, pues los diálogos en el Congreso avanzar rápidos para la acusación del exministro Grau, pero lento para las soluciones. Es como el aumento en el combustible, es rápido, pero para la baja del precio es lento.
La falta de uno o varios liderazgos opositores, comenzará a marcar un camino, pues ante la ausencia de un sentido común, proyecto colectivo, liderazgo e inspiración; dejan la puerta abierta para que posturas populistas se allanen a mostrar soluciones inimaginables. En contraste, ciertos actores han optado por instalar dinámicas de bloqueo y desacreditación, reduciendo la política a la inmediatez y al conflicto permanente. Pero la política, en su sentido más sustantivo, se construye desde el diálogo, y el diálogo exige tiempo, escucha y voluntad de encuentro, condiciones que muchas veces tensionan con la urgencia social.
Reducir la política a su expresión más visible -el Congreso- no solo empobrece su comprensión, sino que invisibiliza los espacios donde aún se construye comunidad y sentido colectivo. Inspiración social hay, actores sociales inspirados en un proyecto de una sociedad digna también. Buscar materializar las ideas de igualdad no solo se puede remitir a las acciones cotidianas, más allá de la ausencia de formación cívica en la educación formal, pues pareciera que aunque ausente, igual está presente. De igual forma, la libertad no es patrimonio de un sector.
Convocar tiene una resignificación, pues permitiría mostrar un camino, ya que los problemas del país del norte volverán a asediar nuevamente a nuestro continente. Las soberanía son endebles, las oligarquías tecnológicas se abren a buscar conducir, provocando una singularidad histórica, no hay rostro, pero hay mensaje, tanto así que los recientes resultados presidenciales en Perú y Colombia son el reflejo de polarizaciones que pronto veremos en Chile, pues el actuar del gobierno de Kast, inspirado solamente en resultados económicos, mostrará a la población que no hay protección desde el Estado y que el contrato social de políticas públicas comienza a desprenderse, para que la supremacía de la libre competencia las regule en el acceso.
La política, entonces, no necesita más discursos vacíos ni imágenes cuidadosamente diseñadas por IA, sino recuperar su capacidad de inspirar desde lo colectivo. Allí donde aún persiste la organización social, en el territorio local, donde se construye comunidad y se sostiene la esperanza, existe una reserva de sentido que la política institucional debe volver a interpretar.
El desafío no es menor: construir liderazgos que no se deban a sí mismos, sino a un proyecto común; que no busquen representar el momento, sino orientar el futuro. Porque cuando la política deja de inspirar, ese vacío no permanece neutral, es rápidamente ocupado por soluciones simplistas, relatos populistas o formas de poder que prescinden de lo colectivo. Volver a inspirar no es un acto retórico, es un acto profundamente político: es volver a poner la dignidad humana en el centro y hacer de lo común el horizonte. Solo entonces la política podrá, nuevamente, iluminar el camino e inspirar.