No a la ciencia

En balde las sociedades científicas de Chile se esfuerzan para que, no tan sólo se les de más presupuesto, sino que se tome la ciencia en serio. Solicitan más fondos a Conicyt para becas de postgrado (magister, doctorado y post-doctorado), proyectos científicos, instalación de científicos jóvenes, repatriación de jóvenes enviados al extranjero a formarse y al parecer, por sobre todo la constitución de un ministerio de Ciencia.

Estos movimientos y peticiones son erróneos desde la partida porque le piden al aparato ideológico del Estado que es el Gobierno, comprometido hasta las masas con la ideología de la Nueva Mayoría (si esta existe y no es una mera ficción voluntarista), que renuncie a su cuota de poder ideológico y la cambie por un poder no ideológico, que es profesional (ser científico es una profesión), transparente (publicaciones internacionales) y democrático (todo científico puede acceder a publicar) a nivel mundial, que tiene la ciencia en el mundo.

Se le pide que la actividad científica y el control de ella salgan del Gobierno y pasen a ser una actividad autónoma con regulación del Estado. Simplemente, que haya un organismo autónomo del Estado que construya las políticas de desarrollo científico, que tenga fondos suficientes para hacerlo, y cuyas determinaciones se rijan por cánones netamente científicos, competitivos internacionales.

Esto  es pedirle peras al olmo. Conicyt (Comisión nacional de investigación científica y tecnológica), fue un organismo semi-autónomo del Estado y se trató hace poco de darle esta connotación de independencia de los gobiernos de turno, se nombró un destacado científico del área de las ciencias físicas y matemáticas que renunció a los seis meses, se nombró a otro destacado científico de las ciencias naturales que duró menos (dos meses) y renunció porque el organismo obedecía más bien a  directivas políticas de Gobierno que a un servicio a la ciencia en Chile. Pero ¿esperaban estos directores otra cosa? Su ingenuidad y falta de formación política, así como la de las dirigencias científicas me conmueve.

Chile necesita rehacer o refundar su Estado y no hay solución para su desarrollo y crecimiento si no lo hace. Luis XIV dijo el Estado soy yo, pero con una concepción de estado paupérrima, como el que distribuía y decidía sobre fondos fiscales y bienes públicos.

Lejos de esa concepción está la del Estado como organización del bien común de un pueblo o nación. Chile hasta 1970 tenía un Estado poderoso: Codelco, Corfo (con casi mil empresas), el sistema de educación, el Servicio Nacional de Salud, los sistemas de energía y servicios basales (dentro de la Corfo); las Municipalidades, los gremios, los colegios profesionales, las juntas de vecinos, la CORA y todas las instituciones agropecuarias, y muchas otras organizaciones más.

Todas eran organizaciones o instituciones autónomas del Estado con mucho poder. Así los colegios profesionales tenían tuición ética y laboral sobre sus colegiados  que eran cerca del medio millón (hoy alcanzan el millón pero sin poder ético ni laboral).

La UP introdujo subrepticiamente (yo creo que sin darse cuenta, porque estaba implícito en su ideología y porque la maldición de la guerra fría operaba) la modalidad de control ideológico del Estado. Todas estas organizaciones fueron asoladas por el virus del control ideológico-político de ellas, es decir el Estado era el Gobierno que se apoderaba de todas las organizaciones del Estado que pudieran dar poder.

La Dictadura militar profundizó este control ideológico, entonces con la ideología fascista-neoliberal-militar. El país y todo su Estado empezaron a ser dominados, en una parte menor pero importante por el gobierno y en mayor parte por los grandes empresarios. El lema hasta la actualidad es: el Estado de Chile es o el gobierno (en menor parte) o el gran empresariado (en mayor parte). El Estado en sí mismo, independiente de los poderes fácticos, no existe.

Necesitamos re-crear el Estado de Chile. Un Servicio Nacional de Salud, un Servicio Nacional de Cultura que comprenda al de Educación, Deportes, Estética (arte), Filosofía y Humanidades, Ciencia, Tecnología, Ética y Bioética, Religiones e Ideologías, etc.

Debe recuperarse la tuición ética profesional prohibida por la Dictadura al suprimir los colegios profesionales (ley que duerme por 6 años en el Parlamento).  Deben recuperarse los cuerpos de profesionales, científicos, filósofos, tecnólogos que piensen a Chile y que generen las políticas a largo plazo, de educación, salud, energía, crecimiento y desarrollo sustentable, sistema de inversiones y que fiscalicen y actualicen esas políticas.

Estos cuerpos deben constituirse por estricta jerarquía profesional, académica o de oficio, con personas que duren en sus cargos 12 a 16 años y sean totalmente autónomos o independientes de los grupos de poder fácticos, religiosos, ideológicos, políticos, empresariales.  Estos cuerpos deberían comprender a la ONEMI, el SERVEL, el INE, SAG, Conicyt, CORFO (lo poco que va quedando), etc.

Se han opuesto principalmente las organizaciones de derecha, pero en su tiempo también se opusieron las de izquierda como fueron los Partidos Socialista y Comunista porque no quieren que las decisiones del país sean tomadas desde y con fundamentos profesionales científicos y técnicos, pero esto es inexorable dado el avance científico y tecnológico.

Un argumento es la oposición a la estatización que la homologan a la de la Unión Soviética, Cuba, China, y otros países comunistas. Esta es una ignorancia supina ya que en estos países si algo no existe es el Estado, no porque no exista como tal, sino porque el Estado es el partido. No hay en ellos cuerpos autónomos del pueblo, es decir no puede haber una crítica que está más conforme a lo que aquí exponemos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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