Ocho claves de un tsunami electoral

Los expertos en Geología señalan que, por sus características, los tsunamis no se pueden predecir, y de ahí que sean tan destructivos. Sólo es posible anticipar su impacto con unos minutos de anticipación. Es el símil de lo que en política se ha graficado con la frase a la que, lamentablemente, nos hemos acostumbrado a escuchar e incluso a normalizar: "No lo vimos venir".

La elección del fin de semana pasado fue un tsunami con consecuencias bastante difíciles de explicar aún, pero intentaremos en estas ocho claves analizar qué es lo que depara la nueva política para Chile.

1) El domingo fue derrotada la política tradicional, la que gobernó Chile durante las tres décadas recientes. La derrotó una ciudadanía disconforme con el ritmo de los cambios y que votó por movimientos sociales que no hacían campaña con carteles ni con llamados telefónicos, sino con redes interpersonales. Probablemente si tuviéramos que buscar cuál es el origen político de los ganadores, serian los pingüinos de 2006, como Karina Delfino en Quinta Normal; y los movimientos sociales, como el de Tomás Gárate en Puerto Varas.

2) Felicitar a quienes ganaron. Si la inteligencia humana se define como la capacidad de adaptación, el Frente Amplio y todos quienes no se sienten parte de la vieja política son verdaderos perfiladores ciudadanos, demostrando que la representación alcanzada a nivel legislativo no fue coincidencia, sino simplemente, responsabilidad cívica y dominio adecuado del sistema electoral. Pero también a los extra-partidos tradicionales que le demuestran a los partidos que había que involucrarse más en las organizaciones que defienden causas plausibles y que no tienen color político y hacerlas propias.

3) ¿Dónde estaban los votos? Algunos decían que estaban en Facebook. Otros en los live de Instagram. La verdad es que estaban en las ollas comunes, en la calle, en acompañar a los que lo pasaban mal durante la pandemia y las cuarentenas, estaban en los que pedían el 10% de los retiros de las AFP y que el Gobierno no lo impidiera, estaban en los que valoraban la universalidad de la repartición de las vacunas. Esa realidad la negó la gente de la derecha dura, diciendo que eso era falsa y burlándose de ella, incluso afirmando que el hambre era mentira. Desde RN lo reiteramos una y otra vez, lamentablemente sin ser oídos. Eso desmotivó mucho a los electores moderados.

4) ¿Qué castigó la ciudadanía? Muchas cosas. A todo lo que pareciera remotamente cercano a la cocina. A los que hacían defensas corporativas, en público o bajo cuerda, a los Ponce Lerou y a los poderes fácticos. Los que sabían de qué lado estaba la plata -no precisamente del lado de la ciudadanía- a la hora de las colusiones, lo cual está lejos de ser la libre competencia genuina, que por cierto es lo que nuestras ideas si defienden. A los tecnócratas recién salidos de la universidad que asumen cargos importantes apenas salen, amigos, familiares, primos, tíos del ministro de turno que ni siquiera tienen experiencia política ni calle y que desincentivan la meritocracia. A los que con frases casi ocurrentes como la de los 30 pesos, la de los campeones y los condones, la del "levántese más temprano" o la del "va al consultorio a hacer vida social" desnaturalizaron todo el tremendo esfuerzo social que ha desarrollado el Gobierno. Finalmente, y no menos importante, a esa parte del Gobierno que pensó por largo tiempo que en temporada de crisis las fórmulas debían seguir siendo las mismas, y a los que pensaban que cualquier ayuda estatal en catástrofe significaba "un desincentivo a la inversión".

5) ¿La derecha dura gana? No. El espejismo de un supuesto buen resultado de los sectores de la derecha dura, reducido a números, confirma que electoralmente no rentan nada al sector más que división. El partido que sistemáticamente trata a la centroderecha de "cobarde" y de "light", presentó 486 candidatos a concejales y obtuvieron solo 11, siendo su mejor resultado; de 12 candidatos a alcaldes, cero elegidos; de 8 candidatos a constituyentes sólo una elegida; de sus candidatos a gobernadores ninguno pasó a segunda vuelta. En contraposición a eso, en un mundo donde los partidos son despreciados, Renovación Nacional mantiene sus votos de concejales, con una merma de 2,5%. Significa que la idea original de una derecha diversa no fracasó, sino al contrario.

6) ¿Perdió la derecha del apruebo? No. Muestra de ello es que hoy son alcaldes Peñaloza en Las Condes -apoyada por Lavín, partidario del Apruebo- Merino en Vitacura, Carter en La Florida, Codina en Puente Alto, Meza en Linares, Díaz en Talca, Ahumada en Paihuano, Radonich en Punta Arenas y un largo etcétera. Incluso Alessandri en Santiago, sin ganar, sumó ocho mil votos más que cuando derrotó a Tohá. La estadística de algunos de que el 65% de los convencionales del sector que ganaron son del rechazo es falsa, pues no señala el porcentaje del total de los candidatos lo eran, lo que es como decir que las mujeres en los años 90 no se interesaban en política y que por eso había pocas mujeres en cargos de elección popular, y no porque había pocas candidatas.

7) La farándula política, castigada. Afortunadamente, también son sancionados electoralmente, de lado y lado, aquellos que ridiculizaban y banalizaba la política, como si un municipio fuera un programa de baile o de farándula, pero también la "abuela", el "abuelo" que salió quinto de ocho y en general todos los que pretenden hacer de la política un reality permanente.

8) ¿Puede la centroderecha ganar la presidencial? Sí, pero en la medida que se dedique a la conquista del centro, del sentido común y la moderación. Para eso debe ser la centroderecha social la que asuma el liderazgo, y no los sectores economicistas de la misma. Algunos aún creen -erróneamente por cierto- que lo que vivimos en estos últimos años en Chile fue sólo un berrinche social, y han tratado de bloquear, tildándolo inmediatamente de populista, cualquier esfuerzo propio por desarrollar una verdadera estrategia para resolver los problemas de fondo que sufren millones de chilenos que llevan a injusticias y abusos, más con la pandemia.

Posiblemente, más allá del daño material, lo peor de un tsunami es que provoca incertidumbre y temor, pues quien lo experimenta no tiene certeza del grado del daño. Pero si hay algo que hemos aprendido es que tomar los resguardos adecuados permite no solo levantarse rápido, sino reconstruir en mejor forma lo que pudo ser afectado. A veces, un remezón puede ser también una oportunidad.

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