Treinta años

Se ha escuchado mucho en estas últimas semanas que las protestas no son por “treinta pesos, son por treinta años”. Ello además es muy repetido por los representantes de los partidos gobernantes pues de esa forma alivian la responsabilidad que estas manifestaciones de descontento hayan surgido en su gobierno y las comparten entonces con todos sus antecesores. Por eso es útil hacer algún repaso de lo que han sido esos treinta años.

Patricio Aylwin asumió el gobierno de Chile en marzo de 1990. Antes vivimos diecisiete años de dictadura. Aylwin llegó apoyado por una amplia gama de partidos, prácticamente los mismos que un año antes se habían concertado para organizar el apoyo a la opción NO en el plebiscito mediante el cual Pinochet pretendía prorrogar su mandato por otros 8 años más.

Fue elegido con el 55% de los votos y la abstención apenas superó el 5%. En las elecciones de diputados 71 de los 120 diputados correspondieron a parlamentarios que apoyaban la elección de Aylwin así como 22 de los 38 senadores electos.

Tal apoyo mayoritario obtenido por Aylwin podría hacer deducir, para algunos que observan esto tres décadas después,  que tendría un gobierno fácil con un Congreso amigable. Pero la verdad es otra. Si bien contaba con un fuerte respaldo popular los mecanismos de amarre de la dictadura lo tenían con un senado mayoritariamente en su contra que dificultó cualquier intento mayor de cambio. A los 38 Senadores elegidos por el pueblo, se le sumaban otros 9 designados por en la práctica por Pinochet antes de abandonar la presidencia.

Asumía además con serios rezagos en lo social y en lo económico. La inflación superaba el 25% por año y el salario mínimo era de sólo $18.000 (unos $100.000 de hoy en día). El plan laboral aplicado por Pinochet restringía severamente la actividad sindical y no se contaba con mayoría parlamentaria para introducir cambios.

Las demandas sociales, insatisfechas por años, no era posible solventarlas con los reducidos ingresos fiscales que Aylwin recibió al iniciar su mandato. El déficit de infraestructura y vivienda era enorme.

Adicionalmente, en los meses anteriores a la entrega del gobierno Pinochet promulgó una serie de leyes que congelaba las plantas de funcionarios y por otro lado aplicaba reducciones tributarias para premeditadamente jibarizar el tamaño del estado.

Gobernar en estas condiciones, además con el General Pinochet como Comandante en Jefe del Ejército, fue una tarea titánica y que a la distancia de los años engrandece la figura de Aylwin.

Aún con todas las restricciones casi apenas de asumir dispuso un aumento del salario mínimo de $18.000 a $26.000 y al finalizar su mandato de cuatro años ya superaba los $50.000.

Adicionalmente dispuso de inmediato que se trabajara en nuevo Código del Trabajo aun sabiendo las dificultades que encontraría en el Senado para su aprobación.

Su perseverancia sin embargo hizo posible que se promulgara este nuevo Código, el primero en democracia, ya que los anteriores, el de 1931 y el de 1987, habían nacido en dictadura.

Obviamente fue imposible, con la oposición del parlamento, avanzar en muchas materias que Aylwin hubiese deseado pero al menos se logró aumentar de cinco a once meses la indemnización por despido y se creó por primera un mecanismo indemnizatorio para las trabajadoras de casa particular.

Se fijaron condiciones mínimas para los trabajadores temporeros de la agricultura.  Se estableció al menos un día de descanso dominical al mes para los trabajadores del comercio y se reguló mejor la jornada de trabajo así como una mayor protección para el descanso diario para los trabajadores de hoteles, restaurantes, buses, camiones y barcos pesqueros.

Y junto con ello se amplió, en todo lo que se pudo siendo esto de los puntos más difíciles de obtener apoyo parlamentario,  el accionar sindical. Se reconoció el derecho a construir centrales sindicales así como el derecho de sindicalización a los temporeros de la agricultura.

Pero lo más importante es que contra todos los pronósticos de los agoreros  el empleo entre 1990 y 1993 creció a un ritmo de 3% por año y el desempleo bajó a menos de 5% siendo menor que al de cualquier año de la dictadura.

Igualmente sorprendente es que la reforma tributaria que se lograra aprobar, donde se repuso el impuesto a las utilidades de las empresas que había sido eliminado por la dictadura justo para el plebiscito de 1988, no sólo no contrajo la economía como predecían desde los grupos empresariales, sino que por el contrario se inició una etapa de expansión que perduró por varios años.

Pero el legado más duro que recibió Aylwin como herencia de la dictadura fue la cantidad de chilenos viviendo en situación de pobreza.

Usando los mismos indicadores que se utilizan hoy para hacer esta medición la pobreza al inicio de su gobierno alcanzaba el 68%. Además la desigualdad era extrema, el índice de Gini superaba el 57%. Su decisión a combatirla desde el primer día fue fundamental para reorientar las políticas públicas e iniciar un camino sostenido hacia la reducción de la pobreza y la desigualdad.

El gobierno de Frei Ruiz-Tagle, fue elegido hacia fines de 1993 con el 58% de los votos,  y nuevamente el pueblo favoreció a los parlamentarios que lo apoyaban, 58,3% que le permitió elegir a 70 de  los 120 diputados.

El Senado se renovaba solo parcialmente. Eran 18 los cargos en disputa, pero aun cuando la Concertación de Partidos por la Democracia obtuvo el 56% de los votos sólo logró elegir a 9 de los 18 senadores que se elegían en esa oportunidad demostrando lo eficaz que resultaba ser el sistema binominal para quienes lo habían diseñado.

Si bien la reforma laboral impulsada por Aylwin derribó algunas barreras básicas a la sindicalización y elevó algunas condiciones mínimas de empleo, no logró modificar los pilares estructurales del Código Laboral de la dictadura por lo que el gobierno de Frei se propuso presentar un proyecto refundacional del Código Laboral.

Para entonces contaba en la Cámara de Diputados con dos parlamentarios de su partido, ambos ex dirigente sindicales, Manuel Bustos y Rodolfo Seguel y en el Senado con otro ex dirigente sindical, José Ruiz De Giorgio.

El proyecto logró su aprobación en la Cámara de Diputados por amplia mayoría, pero en el Senado la oposición ejerció todo su poder de veto y alineó a todos los senadores designados y ni siquiera permitió que se diera curso a la idea de legislar. 

El sistema binominal mostraba su efecto en todo su esplendor. Aún con una clara mayoría en las urnas, en el Senado las elecciones terminaban empatadas y con eso rechazados los cambios. Manuel Bustos no alcanzó a presenciar esta dura derrota pues había fallecido unos meses antes afectado por tumor cerebral.

Sin embargo para muchos esta victoria de la derecha terminó siendo una victoria pírrica ya que varios atribuyeron al comportamiento que tuvieron en esa votación la causa de la derrota en las elecciones presidenciales de Joaquín Lavín.

Tiempo después el líder de la UDI, Pablo Longueira, confidenció que él había sido partidario de aprobar la idea de legislar y ganar tiempo hasta las elecciones. Desde entonces no se ha vuelto a presentar ante nuestro parlamento una reforma así de significativa.

Algo se avanzó en el Gobierno del Presidente Lagos y en el segundo gobierno de la Presidenta Bachelet pero no alcanzaron a ser tan ambiciosos como la propuesta de nuevo Código Laboral rechazada a Frei.

En el gobierno de Frei se continuó con alzas bastante rápidas del salario mínimo, mucho más rápidas de lo que avanzaban los salarios en el resto de la economía.

Así Frei se propuso duplicarlo durante su mandato y pasó de los $50.000 con que terminó Aylwin a $100.000. En términos reales significó un incremento del 37% lo que se sumaba al 30% de aumento real en el período de Aylwin.

Sin duda esto tuvo mucho que ver con que la pobreza continuara reduciéndose significativamente como también los indicadores de desigualdad.

En los gobiernos posteriores el salario mínimo continuó incrementándose pero no con la misma intensidad. Aun así hoy el salario mínimo de Chile, $301.000 que equivalen a US$402, es el segundo de la región solo superado por el de Costa Rica, pero es más alto que  los US$ 6 de Venezuela, los US$240 de Brasil o los US$284 de Argentina.

En lo personal soy plenamente consciente que esto es insuficiente pero creo más que en seguir subiéndolo por ley, entre acuerdos entre el ejecutivo y el parlamento, estos aumentos en el futuro deberían ser fruto de un impulso real que se entregue a las negociaciones colectivas, incluyendo cuando sea el caso, las negociaciones por rama y lo mismo debería ocurrir con la jornada laboral. El potenciar la negociación colectiva es el mejor apoyo que podemos entregarle a los trabajadores.

En todos los gobiernos sucesivos la pobreza siguió reduciéndose. Del 68% que mencionamos recibió el gobierno de Aylwin, el año 2017 había caído a 8.6% mientras la pobreza extrema llegó sólo a 2,3%.

Por su parte el PIB per cápita medido saltó de los  US$5.000 dólares al inicio de Aylwin a más de US$ 25.000; sin embargo todavía seguimos siendo un país muy desigual.

Si bien se ha logrado disminuir en más de diez puntos el índice de Gini de 57,2% a 46,6%, este sigue siendo demasiado malo y por cierto también lo es que el crecimiento de los ingresos de las personas desde hace unos siete años está prácticamente estancado y esto sin duda también es parte del problema.

¿Podrían haber aumentado más los ingresos estos últimos treinta años? Siempre es posible. ¿Puede  disminuirse más la desigualdad? No sólo es posible sino que imprescindible. Pero esa tarea es parte de la nueva etapa que comienza. Y claramente el punto de partida es mucho mejor del que hace treinta años tuvo que hacer frente Patricio Aylwin. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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