Un nuevo Primero de Mayo

En nuestro país esta conmemoración coincidió con el inicio, 40 años atrás, de la implementación del Artículo Nº2 del Decreto Ley Nº 3.500, que establece la afiliación automática y la obligación de cotizar en una Administradora de Fondos de Pensiones (AFP), iniciando la operación del actual sistema de pensiones, conforme a los términos establecidos en la nomenclatura de la citada norma.

La publicidad de la época que invitaba a la ciudadanía a cotizar en el novel sistema daba cuenta de una revolución en ciernes que instalaba el "fin del trabajo a la chilena", resignificando la figura del trabajador como cotizante, emprendedor y gestor de si mismo que se sintetizó años mucho después (1998) en la figura del recordado "Faúndez" como rostro de una campaña publicitaria.

Mirando, de forma retrospectiva, se puede inferir que la fecha escogida para el inicio de las AFP por parte del "legislador" no fue una simple casualidad(1).

En esos mismos años, lo laboral se desvaneció de la esfera pública, la tasa de sindicalización y cobertura de los instrumentos colectivos era ínfima y la actividad huelguística era la mínima de acuerdo con los registros oficiales. Sin embargo, el conflicto laboral no desapareció y, parafraseando a Dalton, se transformó en una mayor judicialización y huelgas extralegales. Hechos señalados por nuestra profesora Francisca Gutiérrez y el Observatorio de Huelgas Laborales, respectivamente.

Volviendo al presente, no existiría una Convención Constitucional sin la movilización de las y los trabajadores, que tuvo como máxima expresión la huelga general realizada el día 12 de noviembre de 2019. Cabe recordar que fue convocada por Unidad Social como amalgama de distintas organizaciones y movimientos sociales articulados de ese entonces.

Hoy en día, lo laboral vuelve a relevarse aquí y en el resto del orbe, cuando una parte de la fuerza laboral ingresa a teletrabajo, cuando otra vive la aceleración de los procesos de automatización y -también- cuando por televisión vemos nuevas voces del mundo sindical.

He aquí, ad-portas, de la elección que da inicio a un nuevo ciclo político, compartiendo el carácter de "final abierto" con los cambios laborales que estamos viviendo en simultáneo, una oportunidad en que los actores puedan canalizar el inherente conflicto laboral capital-trabajo, que puede profundizarse con la mayor segmentación de las y los trabajadores que quedan fuera o dentro de estas transformaciones.

Eludir lo anterior, es no construir cohesión social como país, pero también significa mayores riesgos financieros y reputacionales para las organizaciones, restando valor y competitividad a éstas. De todas y todos depende la instalación de las fundaciones que permitan, por fin, un nuevo orden laboral.

(1) Artículo Nº97 del DL Nº 3.500

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