Un país con la herida abierta

Lo que ha pasado en Chile estas semanas ha generado heridas y ha reabierto muchas heridas también. Heridas de abusos, heridas de injusticias, heridas de tortura, heridas de quiebres familiares, heridas de ex amores, heridas de miedo a la escasez. Todos dolores vividos por personas con nombre y apellido. Historias que son personales y también colectivas. Una memoria colectiva de dolor.

Ocurre que cuando estamos con la herida abierta, nuestro malestar es lo más importante. Freud dijo alguna vez que la depresión tiene una fase narcisista donde solamente "mi dolor importa".

Tenemos la sensación de que lo vivido es tan tremendo que solamente existe mi herida y que esta inunda toda nuestra existencia. Esto nos lleva a asumir que la vivencia de los demás es parcial "Yo conozco mi dolor mejor que nadie"; "Tú no has sufrido lo mismo que yo" y esto genera una sensación de alteridad, de diferencia y lejanía con los demás. Por eso estos días han sido tan difícil comunicarnos y entendernos. Todos con la herida abierta, un país entero con la herida fresca.

Cuando estamos en el dolor no podemos escuchar, no queremos escuchar. Nuestra emocionalidad está primero y nos cuesta empatizar con los demás. El tema es que si no vemos a las otredades, ¿es posible que haya diálogo?

¿Es posible que encontremos soluciones y caminos en conjunto?

¿Es posible que podamos empatizar con el dolor del otrx y acogerlo, a pesar de que es un dolor diferente/similar al mío?

Desde mi propio anhelo y desconcierto, me gustaría que salgamos de la polaridad. Me parece urgente hacer un balance entre lo que sentimos y construir soluciones en conjunto. Equilibrio corazón y pensamiento.

Hay que acoger sin duda lo que vamos sintiendo pero si solamente somos emoción, nos haremos aún más daño.

Ha habido tanta impunidad que hay una avalancha de dolor e indignación acumuladas ¿Se han fijado que cuando estamos mal primero nos desquitamos con nuestra familia, nuestra pareja, nuestros más cercanos? Imaginen un país entero haciendo esto.

Por eso, en los últimos días incluso entre quienes son afines a nosotros hay peleas, descalificaciones y odiosidades. Justo cuando más nos necesitamos y queremos sentir el calor del abrazo del otrx.

Por favor no nos hagamos más daño. Suficiente violencia hay para además seguir quebrando más relaciones, más familias, más grupos. No nos demos el lujo de seguir tratándonos mal en una sociedad ya altamente odiosa. Demos espacio a nuestra rabia y nuestro dolor, pero no olvidemos que cada uno en su propia vida lleva sus propios dolores y no por eso somos enemigos.

Esa señal de humanidad es lo único que nos hará salir de esta crisis. Esto no va de buenos contra malos. Ojalá fuera así de sencillo. Ocurre que hay una gran masa de personas con mucho dolor y un grupo poderoso y pequeño de personas que ni se inmuta frente al dolor de los demás.

Hay dolor, pero también hay personas. No permitamos que el dolor nos ciegue, nos separe y nos perdamos la gran oportunidad de querernos y acompañarnos. Incluso en el dolor.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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