Una Constitución para Boric

Al día siguiente de las elecciones, el influyente vicepresidente de la Convención Constitucional se puso a disposición de uno de los actuales candidatos a la Presidencia de la República.

En su tweet de 22 de noviembre de 2021, el señor Bassa señala textualmente que para efectos de "avanzar juntos en el camino del #Apruebo y la nueva Constitución. Debemos convocar a todos los sectores democráticos para construir en colaboración, con humildad y sin exclusiones". El tweet remata con la siguiente frase: "Desde ya me pongo a tu disposición, @gabrielboric" (sic).

Dado lo que se supone que es una Constitución, llama la atención la invitación del sr. Bassa. La futura Constitución debiera ser entendida como una herramienta jurídica que debe dar garantías a todos los ciudadanos -no sólo a los que votan por el sr. Boric- de que, cualquiera sea la autoridad, programa político o ideología que obtenga el poder, éste no termine amenazando los derechos y libertades de las personas. Las constituciones establecen y resguardan cuestiones tan importantes que nunca deben estar sujetas a la lotería de un resultado electoral.

Una subida o bajada de impuestos puede depender del resultado de unas elecciones, pero no puede suceder lo mismo con el derecho a la vida o la libertad de conciencia de todas las personas.

Sin embargo, esto no significa que la Constitución elimine a la democracia. Una Carta Fundamental bien diseñada debe permitir la alternancia democrática entre los distintos programas de gobierno, y las distintas visiones ideológicas. Si la propia Constitución de Pinochet, al tiempo que estableció un potente sistema de protección de los derechos de las personas, no impidió durante más de 30 años el gobierno de la centroizquierda, sería bastante extraño que la nueva Constitución, nacida de un proceso supuestamente tan participativo, no cumpliese ni siquiera con este mínimo.

Pero ¿cuál es el concepto de Constitución que maneja el sr. Bassa? Sabemos que numerosos convencionales de la mayoría que domina en la Convención -justo, la que el sr. Bassa representa- toleran muy mal la posibilidad de que exista la disidencia a sus postulados; a tal punto, que algunos de sus miembros están dispuestos a utilizar la violencia política para impedirla. Y sabemos también que, en Sudamérica, la izquierda boliviariana defiende una forma específica de entender una Carta Fundamental: como una verdadera jaula de hierro, que obliga férreamente a toda una sociedad a transitar por la senda de un proyecto político único, indiscutible e implacable.

Por ello, y porque, al final del día, son todos los chilenos los que están pagando los caprichos de la Convención -tales como el queso azul, sus variopintos asesores y, ahora último, los viajes a regiones-, el sr. Bassa debe una cumplida explicación a la ciudadanía: ¿hasta dónde llega su oferta y buena disposición, a nombre de la Convención, respecto de la candidatura del sr. Boric? Sobre todo ¿qué oportunidad tendrán quienes se opongan a la ideología representada por este candidato, de utilizar la futura Constitución Política para defender sus derechos y libertades? En suma, los ciudadanos que discrepen de las ideas de Boric y Bassa ¿estarán defendidos por la nueva Constitución Política, o estarán atrapados dentro de ella?

De una clara respuesta a estas preguntas depende el que el trabajo de la Convención no termine polarizando aún más la situación política de nuestro país, eligiendo de facto respaldar a una parte de nuestros ciudadanos, en contra de la otra.

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