Sobre la descentralización y la necesidad de un Estado más eficiente

El escenario global y su conocido impacto en los costos del petróleo han agravado la presión sobre el presupuesto nacional, haciendo urgente avanzar en acuerdos que permitan mejorar la eficiencia del gasto público. Más allá de las disputas propias de este contexto, como presidente de la Asociación de Gobernadores Regionales de Chile, considero necesario aportar algunos datos a esta discusión.

Al revisar los resultados de la Evaluación de Programas Gubernamentales (EPG) de la Dirección de Presupuestos del Ministerio de Hacienda desde 2022, la evidencia es preocupante: de los programas evaluados bajo esta modalidad, solo dos obtuvieron la calificación de Buen Desempeño, equivalente al 5,4% del total. En contraste, el 48,6% obtuvo Mal Desempeño y el 24,3% Desempeño Bajo. En otras palabras, el 72,9% de los programas evaluados por esta vía no alcanzó siquiera un Desempeño Medio.

Que siete de cada 10 programas presenten resultados tan deficientes debe llevarnos a una reflexión de fondo. El diseño centralista de la administración pública chilena descansa, entre otros supuestos, en la capacidad de los especialistas sectoriales para diseñar e implementar políticas públicas de calidad en sus respectivas áreas. Si ello es así, cabe preguntarse por qué tantos programas concebidos desde los órganos expertos muestran resultados tan insatisfactorios.

Una parte importante de la respuesta está en la baja pertinencia territorial de muchas de estas políticas públicas. Los programas diseñados desde oficinas del nivel central tienen menos probabilidades de responder adecuadamente a realidades tan distintas como las de Palena, Putre o Cerrillos. Por eso, la reformulación centralizada de programas, una y otra vez, termina siendo insuficiente, no corrige el problema de fondo. Si Chile aspira a un Estado moderno, funcional y eficiente, debe avanzar decididamente en descentralización.

Hoy el país necesita un Estado más eficiente, mejor gestor de sus recursos, y esto implica no sólo rediseñar su estructura de gasto, sino también su arquitectura institucional: ¿Qué funciones y qué tareas se alojan en cada nivel administrativo? Avanzar en esta dirección fue clave para países exitosos, y sin duda lo será para Chile. Desde la Asociación de Gobernadores Regionales de Chile estamos disponibles para este proceso.