Una Iglesia para todos

Yo no siempre he ido a la iglesia ni he tenido una relación cercana con la religión. Sin embargo, hoy puedo decir que voy a la iglesia. No me considero religioso pero sí creyente, seguidor de Cristo y la fe cristiana.

A lo largo de mi vida me sentí lejos de la iglesia, especialmente al ver que dentro de ella había hipocresía. Esto es lo que más conflicto me causaba en ese tiempo.Ver personas que durante la semana no mostraban ni una gota de amor por el prójimo, pero el domingo caminaban con un aire de superioridad casi como si fueran pequeños dioses.

No es mi papel juzgar a nadie, menos cuando yo mismo como creyente cometo errores, soy egoísta, no siempre amo al prójimo y hay días en los que dudo de mi fe. Por eso hoy entiendo que la iglesia es un lugar justamente para aquellos que no somos perfectos y que tampoco lo seremos en nuestro tiempo en la tierra.

A pesar de que creo que la iglesia, hablo más que todo de la católica y protestante, ha disminuido su discurso de un Dios castigador que lo único que busca es prohibirnos cosas, creo que todavía nos queda mucho por hacer para ser una comunidad inclusiva con todos y todas.

Si bien muchas iglesias hablan de ser un lugar donde se acepta a todas las personas, este discurso no siempre se traduce en la práctica. Se sigue marginalizando a las personas divorciadas, pobres, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, alcohólicos, drogadictos, indigentes, etc.

Cada grupo sufre mayor o menos discriminación dependiendo de la iglesia, sus doctrinas y su contexto social y cultural. En ningún caso la experiencia de una persona divorciada es la misma que la de una persona de la comunidad GLBT. Quizás hayan puntos en común pero ninguna experiencia es igual a otra. Todos somos individuos.

Una de las maneras en que la iglesia “muestra” su inclusividad es diciendo que en la iglesia se ama al pecador, pero no al pecado. Sin embargo, hay pecados que parecen ser más aceptados que otros. ¿Por qué se hace diferencia entre unos pecados y otros? ¿Por qué unos se aceptan con facilidad y otros se condenan públicamente?

Lo único que se logra con estas posturas es alejar a la gente de la Iglesia y de Dios. Jesús resumió los 10 mandamientos a solo dos: amar a Dios con todo nuestro cuerpo, mente y alma y amar al prójimo como a nosotros mismos.

Tomando esto como base no hay excusas ni nada que justifique la discriminación. Las personas que viven más cerca de los márgenes son las que más necesitan de nuestra ayuda, amor y compasión.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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