La derecha y el aborto, la obligación de ser pro-vida de verdad

La ley de aborto se va a aprobar,  dado que el gobierno tiene los votos y la voluntad para hacerla y el momento histórico coincide con dicha voluntad, considerando que con nuestro nivel de desarrollo, no existe ningún país en el  mundo donde no exista legislación de aborto, y que en aquellos países en que no la hay, son por su bajo nivel de desarrollo, justamente aquellos con los que en general no deseamos compararnos. 

Es muy probable además, que como en todo el mundo donde se ha aprobado una ley de aborto de alcance muy restrictivo, termine ésta convirtiéndose en una ley de aborto más o menos libre, ya sea vía el cumplimiento laxo de la normativa, ampliando por vía administrativa sus límites, o en el futuro, modificando la actual ley en trámite. 

¿Y después del aborto qué?  Aprobada la ley, el país no va a iniciar un frenesí de desintegración moral. Dicho argumento, majaderamente esgrimido tanto hoy como ayer, puede sintetizarse en el de una diputada que se oponía a la despenalización de la sodomía: “es necesario mantener un muro de contención para evitar el libertinaje, como ha sucedido en otros países.”

La verdad, es que si tal muro de contención contra el aborto existió alguna vez, ya no existe más.

El aborto hoy en día sucede en forma diaria, y a ciencia cierta, no podemos tener certeza de si el número de estos se va a mantener o va a aumentar. Quien aún crea que el aborto no sucede en Chile, o que ocurre en forma esporádica, puede aprovechar ahora para sacarse la venda los ojos, y buscar en google “vendo misoprostol” o “ru-486 en Chile”, y verá la larga lista de distribuidores informales de píldoras abortivas disponibles en el mercado.

La ley, al igual que como antes sucedió con la despenalización de la sodomía o el divorcio, sólo dará reconocimiento a una realidad o dará un curso institucional a algo que ya existe, excepto que alguien crea que los homosexuales esperaron hasta 1999 para tener sexo en nuestro país. 

¿Y la oposición al aborto? Tiene dos opciones: una, seguir en la lógica de trinchera y de la pendiente inclinada. Asumir, al estilo del diputado Urrutia, que postula que quien piensa distinto y está a favor del aborto, es alguien que debería irse al infierno, sin darse cuenta, que la satanización del adversario, convertido en el absoluto mal, no es si no un signo de impotencia intelectual.

Más aún, dicha lógica desconoce que en este debate, el acuartelamiento es imposible. Así, hay gente de centroderecha a favor del aborto en ciertas causales,  y gente fuera de la centro derecha que está en contra de éste, como muchos diputados y senadores de la Democracia Cristiana.

Quizás entonces, es la oportunidad, para quienes se oponen al aborto y se designan ampliamente como pro – vida, opten por una segunda opción: hacer honor a ese nombre, y aprovechando el debate, constituir una bancada propositiva a nivel parlamentario y un movimiento social activo, que se dedique en forma constante a la defensa de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, y que no reduzca su actividad a una diatriba religiosa emergiendo de un búnker talibán, diciendo no a todo y amenazando con castigos en el más allá.

Mantener la lógica de trinchera, sólo va a conducir al siguiente e inevitable paso, una propuesta para ampliar los límites de la actual ley en trámite. Cambiar la lógica de acuartelamiento por una propositiva, podrá en cambio incidir realmente en un menor número de abortos, como aquellos que hoy en día, sin haber ley, ya suceden.

Propuestas en esta dirección, pueden ser avanzar efectivamente en facilitar el proceso de adopción y convertirlo en una opción real y no sólo teórica, como resulta en la actualidad. Facilitar el acceso de adolescentes a métodos anticonceptivos y dar una señal de que en los colegios y en las universidades que se consideran pro-vida, una mujer embarazada cuenta con todo el respaldo y facilidades. O que, siendo madre soltera pueda proseguir sus estudios teniendo la tranquilidad que su hijo podrá entrar al colegio que quiera, incluso uno católico en el sector oriente, sin que se le exija nada más que haber nacido.

Más aún, y si alcanzan las energías, los grupos pro vida, podrían recordar que muchas son las formas de matar a un hombre, y la mayoría de estas, son legales en nuestro país.

Así, podrían aprovechar el impulso pro-vida y generar ideas para mejorar la pensión básica solidaria, cuyos 90.000 pesos actuales, equivalen a condenar a muerte a un adulto mayor (que hoy en día puede gastar la totalidad de ésta en medicamentos) o  promover incorporar el auge de cuidados paliativos enfermedades distintas al cáncer, pero igualmente dolorosas y que hacen que los pacientes deseen morir prematuramente al no tener acceso a cuidados elementales para una muerte digna.

El sólo hecho de decir no al aborto, y en la práctica no promover ningún proyecto que ayude en forma efectiva a que esto no suceda, construyendo en general una cultura pro-vida, no hará mágicamente que las mujeres no aborten.

 Esperemos entonces, que quienes suscriben un compromiso real por la vida, dejen de mirar la realidad con un microscopio y tomen distancia para, con una visión más amplia, puedan entender que el debate, dista mucho de ser a favor o en contra de una ley de aborto, o peor aún, entre buenos y malos, y que muy por el contrario, es un debate a favor o en contra de una estructura social que favorezca la vida en su totalidad.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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