En el marco del Día del Trabajador, es necesario relevar un punto clave: la salud digital también debe mejorar la experiencia de quienes sostienen día a día el sistema de salud.
En los últimos años, la incorporación de tecnologías ha avanzado con fuerza en el sector, impulsada por desafíos como la pandemia y la creciente necesidad de gestionar mejor la información en salud. Sin embargo, este proceso no puede reducirse a la digitalización de trámites o a la implementación de nuevos sistemas. Tal como han señalado organismos internacionales como la OMS y la OPS, el éxito de la transformación digital depende, en gran medida, de su adopción efectiva por parte de los equipos de salud.
La tecnología no puede transformarse en una carga adicional. Diversos estudios han evidenciado que sistemas mal diseñados aumentan la carga administrativa y el desgaste profesional, afectando incluso la calidad de la atención. Por el contrario, soluciones bien implementadas -como sistemas interoperables y centrados en el usuario- permiten reducir la duplicidad de registros, mejorar la continuidad del cuidado y optimizar los tiempos clínicos.
Para lograrlo, es fundamental avanzar no solo en infraestructura y plataformas, sino también en una mirada que incorpore activamente la experiencia de quienes utilizan estas herramientas. Escuchar a los equipos de salud, involucrarlos en el diseño de soluciones y priorizar la usabilidad no es un complemento: es una condición para que la transformación digital sea efectiva y sostenible en el tiempo.
Experiencias internacionales y también la nuestra nos revelan que los proyectos que consideran la dimensión humana desde el inicio logran mejores resultados, tanto en eficiencia como en satisfacción de usuarios y trabajadores. Ignorar este aspecto, en cambio, puede traducirse en resistencia al cambio, subutilización de sistemas y pérdida de valor de las inversiones realizadas.
Avanzar en salud digital es, en definitiva, una oportunidad para mejorar tanto la atención como las condiciones en que trabajan quienes la hacen posible. Porque no hay transformación digital real si no mejora la vida de quienes cuidan y, con ello, la de las personas que se atienden.