Vacuna contra el Covid, expectativa vs realidad

Con entusiasmo hemos visto como diferentes laboratorios productores de vacunas contra el COVID-19 han anunciado altas tasas de efectividad, las cuales rondan entre un 70% a 90%.

En línea con esto, el gobierno por medio del ministro de ciencias Andrés Couve, ha anunciado que para el primer trimestre del próximo año se dispondrá de 16 millones de vacunas, lo que aseguraría una cobertura para prácticamente toda la población de Chile. Detalles más, detalles menos, se ha enfatizado que el primer trimestre se comenzará con un proceso de vacunación, inicialmente voluntario.

Por supuesto que, después de estar conviviendo con medidas de confinamiento, distanciamiento físico, teletrabajo, un paso para adelante y otro para atrás, la expectativa que genera esta noticia es inmensa, pero al mismo tiempo peligrosa. Existe un delicado equilibrio entre cómo las expectativas de las personas se correlacionan con la realidad, y es justamente aquí donde comunicar que tendremos una vacuna disponible los primeros meses del 2021 es riesgoso.

Es sabido que las expectativas de las personas determinan en buena medida el comportamiento individual, pero además que este tiende a correlacionar con el cumplimiento de tales expectativas. Por ejemplo, si se espera que un tipo de tratamiento sea efectivo para mejorarse de una enfermedad, es posible que todos los comportamientos personales se ajusten a tal expectativa y entonces se adopten y/o mantengan conductas que a uno lo harán mejorar. Si espero que el lavado de manos y el uso de mascarillas me ayudará a prevenir contagiarme y no contagiar a otros con COVID-19, es muy probable que adopte la conducta y la mantenga.

 Ahora bien, si a las personas les decimos que habrá una vacuna disponible a la vuelta de la esquina, es altamente probable que eso genere una falsa sensación de seguridad o bien una expectativa de seguridad que no es tal.

Con esto no estoy diciendo que las vacunas no sirven, sino que un anuncio como este puede generar comportamientos de relajo, y desincentivar medidas de autocuidado en la población. Después de todo, se pone el control fuera de las personas, y sabemos que cuando eso ocurre es poco probable que las personas adopten y mantengan conductas de salud.

Para que un anuncio como este sirva, se debe transmitir un mensaje que tenga una buena dosis de “realidad”. Es importante explicarles a las personas que no todas ellas podrán ser vacunadas al mismo tiempo, pues existen grupos de riesgo que accederán primero a ella.

Pueden existir problemas asociados a la logística y distribución de las vacunas, como, por ejemplo, la conservación de la cadena de frío, sumado a que, además, existe un porcentaje no menor de la población que ha manifestado su desinterés por vacunarse, poniendo en cuestión la voluntariedad propuesta.

Sin afán de ser aguafiestas, centraría el mensaje en la importancia de mantener como principal estrategia de autocuidado y de cuidado de los demás, el uso de mascarillas, el lavado frecuente de manos y el distanciamiento físico. Todo lo demás, puede favorecer una segunda ola de COVID-19, que puede ser incluso peor que la primera.

Cuídese, no vaya a ser que, por esperar la llegada de la vacuna, “baje la guardia” y se contagie.   

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