El genocidio más grande del mundo

Y nadie, o pocos, dijeron algo…

Leo el lunes, que el ministerio de Salud en China informó que en los últimos 40 años, se practicaron en ese país, casi 330 millones de abortos entre 1971 y el 2010.

Sí, aunque usted no lo crea, más de 8 millones de abortos anuales, como política de estado.

En este caso, ni siquiera son los no aceptables, “derechos reproductivos de la mujer” para decidir tener un aborto, los cautelados, sino que estamos frente a la presencia de una dictadura absoluta, sobre la voluntad libre de la mujer y el hombre, para procrear amorosamente.

Aclaro, que los “derechos reproductivos de la mujer” para abortar, estoy convencido, desaparecen radicalmente, frente al derecho anterior primeroy absoluto a la vida de un ser humano en desarrollo, persona en potencia, infinitamente débil del cual es primeramente responsable, junto al padre y a la sociedad completa.

¿Tienen razón las autoridades chinas para desarrollar estas políticas?

Seguramente, tienen muchas explicaciones, en el ámbito, especialmente económico, político y, aún culturales, que apelan al desarrollo y bienestar sustentable de un país que aspira y camina a ser la primera potencia mundial económica antes del año 2050.

Pero, desde el punto de vista de una visión humanista, sus fundamentos, por lo menos en quienes dirigen el país, reflejan una reducción del hombre, a una esencia material-social y económica del ser humano que todo lo justifica.

Aunque es posible, distinguir en China nítidamente una espiritualidad “oriental”, que trasciende hacia una unión con la naturaleza y los dioses, no parece ésta, constituir una dimensión trascendente sagrada del hombre.

Es decir, un absoluto, natural-sagrado, que debiera impulsar al hombre, a proteger la vida del otro desde que es concebido, como un deber y responsabilidad irrenunciables.

Mientras el nuevo Papa, Francisco, mira e insta a practicar la humildad, la bondad, la ternura, la misericordia, y el perdón, y predica sobre el verdadero poder, como siempre estar en un servicio humilde de los más débiles, los pobres y los que sufren, es decir, practicar el Amor y la justicia en la acción, guiados por la fe en el Cristo-Dios, caminamos entre millones y millones de fantasmas, que claman por la justicia y una humanidad perdida.

Cuando se hace el silencio absoluto, justo antes de la oscuridad profunda, cuando llega la hora de la conciencia, es posible escuchar el murmullo de sus llantos, confundidos a veces, con el sonido primordial del misterioso origen y creación del universo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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