El humanismo del otro hombre

Es fácil plantar las semillas de la violencia con los discursos xenófobos y racistas englobadas en prácticas de poder político populistas, explicadas hoy como una forma de respuesta y defensa de los perdedores frente a la globalización.

Evolutivamente el ser humano siempre ha recelado en forma atávica de los que percibe y siente diferentes a ellos y a su grupo de pertenencia que conforma su identidad.

No cuesta mucho y es natural relacionarse y colaborar con quienes se comparten los genes, son familiares, y tienen semejanzas físicas con prácticas y condiciones socio culturales similares. Lo ética y moralmente difícil es lo contrario.

En este tiempo, lo que está en juego no es sólo el diseño de políticas para regular la migración, sino una concepción del hombre y su humanidad.

El filósofo Levinas fue radical en sus planteamientos sobre nuestra responsabilidad frente a la otra persona al desarrollar su ética del deber de la acogida en la diferencia. Mientras más diferente en su alteridad radical se presenta la otra persona con su rostro frente a mí, más responsable soy de su humanidad.

Mientras más distinto, débil y sufriente es la persona, más responsable de ella soy con el  deber de amarla y acogerla cordialmente.

En este otro, el prójimo, que siempre está antes que yo frente a los demás, según el filósofo, yacería el misterio de lo absoluto y el universo completo.

En el humanismo del otro hombre, siempre debiéramos ser los guardianes de nuestros hermanos. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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