En el recuerdo y nunca más

Nicolás Vial
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Estamos cumpliendo dos años de la trágica muerte y del dolor infinito de los familiares de las 81 víctimas que murieron calcinadas y asfixiadas por el incendio de la cárcel de San Miguel. Todos esperamos que se hayan tomado las medidas sabias y pertinentes para que no tengamos que vivir otra situación de consecuencias tan horrorosas.

El 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, quedó en el recuerdo de todos los chilenos y quizás de países vecinos esta tragedia, que aún conmueve e impacta.

Esperamos, sin embargo, que no sigan ocurriendo estos hechos, ni por dejación, ni por negligencia, máxime cuando ostentamos una sucesión de situaciones semejantes y que pareciera en ocasiones ya se han olvidado.

En la actualidad se habla de procesar a los funcionarios de Gendarmería, sea por su responsabilidad directa o indirecta. En justicia nos parece que así tiene que ser, cada quien tiene que asumir de acuerdo a sus obligaciones. Con todo creemos que el mayor peso recae en la máxima autoridad gubernamental, que permite y muchas veces silencia cuestiones que atentan directamente contra los derechos de los privados de libertad.

Téngase en cuenta, por ejemplo, el hacinamiento, la infraestructura, en algunos recintos carcelarios colapsados, la falta de atención adecuada, insuficiente capacitación, la violencia cotidiana, la ausencia de atención médica y falta de medicamentos y la nula atención neuropsiquiátrica, entre otras carencias.

Todo lo anterior es una bomba de tiempo en que muchas veces no es responsabilidad directa del funcionario de trato cotidiano, que debe cumplir horarios extenuantes y agobiantes.

En todo caso, alabamos las propuestas gubernamentales que tienden a favorecer las medidas alternativas a la privación de libertad – que todavía conservadoras- pensamos van por buen camino.

Nuevas, mejores, efectivas y prontas decisiones deben ser asumidas a la brevedad, pues el tranco lento que ha caracterizado las voluntades a favor de este segmento, podría hacernos testigo, otra vez, de mayores infortunios con consecuencias impensadas.

Preocupación aparte, especial, directa y fundamental debiéramos tener para con los centros juveniles de privación de libertad, ya que en ellos vemos germinando de manera lenta, pero a paso firme, una explosión social impredecible.

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