Humanismo social cristiano

“Si se entiende bajo el término general de humanismo el esfuerzo por que el hombre se torne libre para su humanidad, y encuentre en ella su dignidad, en ese caso el humanismo variará en función del concepto que se tenga de libertad y naturaleza del hombre. Así mismo, también variarán los caminos que conducen a su realización”.

Es decir, reside en una mirada e interpretación de la esencia del hombre, (de una “metafísica”) y, por ende una “interpretación de su naturaleza, la historia, el mundo y el mismo fundamento del mundo…”

De esta manera habla del humanismo, Martin Heidegger, en su célebre “Carta sobre el Humanismo”.

Desde el punto de vista cristiano, la historia del mundo, es una historia de la humanidad, que a través de la Revelación, camina hacia la Redención, a través del amor.

El sentido de la libertad del hombre, en este caso, es el encuentro con la verdad, pero la verdad con mayúscula, es decir, Dios y su amor, como un absoluto.

Debido a esto, su fundamento original, y su fin están referidos a este absoluto, Dios.

Pero es un Dios, que amando al hombre, decidió, manteniendo su “ser”, “ser” también un ser humano, el Cristo, de naturaleza divina y social amorosa, con sus debilidades, sueños, alegrías, sufrimientos, soledad, necesidades de amar y ser amado, de realización en la trascendencia, es decir, todo hombre, todo Dios.

Ese es el Cristo que responde, “Soy el que soy”, y ama a los pobres, a los marginales, a los excluidos, a los que sufren. Y no sólo a ellos. Nos ama a todos.

Y siendo todos iguales en nuestra esencia, “materia espiritualizada”, y “espíritu encarnado”, todo cuerpo, todo alma”, no caben en la vida sociocultural y económica, discriminaciones, marginaciones, ni exclusiones entre nosotros, aunque en la vida, como un valor absoluto, cada uno, desde que es procreado, hasta que muere, es una persona en su dignidad también absoluta, hombre y mujer, radicalmente diferentes en sus peculiaridades personales, históricas y socioculturales.

Por eso que el Humanismo Cristiano, basado en el amor, la justicia, y la responsabilidad primera, por el bien del otro y de la comunidad, en su esencia, es social, por definición.

Por lo tanto, un hombre y un mundo fundamentados primero y esencialmente en lo social, en lo económico, y/o sólo en lo material, definitivamente, no corresponden a un Humanismo Cristiano.

El Humanismo Cristiano, desplegado en la política, permite un hacer que contemple todos y todo lo humano, su sociedad, la cultura y su naturaleza relativa en la historia, con sus debilidades, y grandezas, pero, creo, intentando desplegar, por lo menos sus fundamentos de humanidad ya descritos, que constituyen su esencia e identidad, desde el amor, y una razón siempre crítica.

¿Y la fe? Si uno ama y es amado, tarde o temprano llegará.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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