Orgullo ante las adversidades

El "nuevo Minotauro" simboliza la lucha por el reconocimiento de la comunidad LGTBIQ+, representando la homofobia, la transfobia y el rechazo a la diversidad. Este monstruo alimenta el miedo y la desinformación en un laberinto donde las estructuras sociales y políticas perpetúan la discriminación y obstaculizan la garantía de derechos humanos. En lugar de aceptación, prevalecen estigmas que dificultan la validación social y la libertad de vivir auténticamente.

El "Mes del Orgullo", conmemorado en junio, reivindica la diversidad sexual y de género, con raíces en los disturbios de Stonewall en 1969, que iniciaron un movimiento global por los derechos LGTBIQ+. En Chile, este mes se convierte en un llamado a respetar la dignidad y promover la inclusión con integridad ético-política.

La evolución de los derechos de estos colectivos en Chile ha sido no solo gradual, sino casi indiferente en su lentificación. Recién en 1990, la homosexualidad fue eliminada de la lista de enfermedades mentales por la OMS, y en 1999 se derogó el delito de sodomía. Sin embargo, fue sólo en 2021 cuando se prohibieron las "terapias de conversión" y en 2022 se legalizó el matrimonio igualitario.

Entonces, no es casual que aún hoy muchos segmentos cuestionen, preguntándose por la no existencia de un "orgullo heterosexual". Eso revela una desigualdad inherente, no incubada en la ignorancia sino en la inconciencia ante una posición históricamente privilegiada, de quienes no han enfrentado persecuciones o restricciones a la libertad en sus maneras de vivir.

Evocar el orgullo se convierte en un acto político resistencia. Sin embargo, las estadísticas muestran una realidad que parece sacada de las historias de Hitchcock o Allan Poe, ya que aun cuando la Encuesta Web Diversidades del INE (2025), aplicada a un total de 17.048 personas en nuestro país, muestra que el 95,2% de los consultados se identificó como parte de la diversidad sexual y el 29,7% dentro de la diversidad de género. Más del 85% ha experimentado discriminación, con 74,2% de violencia psicológica o verbal, 40,5% física y sexual, 19% reportando amenazas y 14,1% relaciones sexuales forzadas. Siendo las personas trans y las diversidades de género las más afectadas por estas violencias y crímenes de odio.

El 50% informó presentar síntomas leves de ansiedad o depresión, con 16,7% mostrando sintomatología severa. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo señala una preocupante brecha en salud mental, donde las tasas de depresión e ideación suicida en esta población son hasta tres veces superiores a las de la población general, frecuentemente desencadenadas por la falta de aceptación social, educacional, laboral y familiar. Sumemos a eso que la ONU declara que más de 70 países aún criminalizan las relaciones consensuadas entre personas del mismo sexo, con algunas naciones aplicando la pena de muerte.

Entonces, es urgente fortalecer los sistemas de denuncia, promover una cultura inclusiva y desarrollar políticas públicas interseccionales que incluyan leyes antidiscriminación, reconocimiento legal de identidades y acceso a servicios, participación en decisiones políticas, emprendimiento, igualdad salarial, acceso, protección, entre un largo etc.

El "orgullo" debe concebirse, entonces, como una invitación a continuar la lucha por la legitimación y el respeto a la diversidad, testimoniando la resiliencia de una comunidad que avanza hacia un futuro más justo y el verdadero compromiso de un Estado que aboga por la igualdad en todos los planos de la vida en sociedad.