Para una arqueología de la ternura

"Cuando el dolor se parece a un país,
Se parece a mi país.
Los sin nada se envuelven con un pájaro
Humilde que no tiene método.
Un niño raya con la uña
Lluvias que no cesan.
Está desnudo en lo que va a venir,
Una ilusión canta a medias
Un canto que hace mal"
("País", Juan Guelman)

El espectáculo de la dominación en estado puro. La guerra y los bombardeos televisados como un show de pirotecnia: Los gladiadores en el circo romano. Espacios de excepción normalizados frente a una multitud que observa. Como lo aborda el filósofo italiano Giorgio Agamben, en sus lúcidas obras "Homo Sacer I y II", lugares apartados de la legalidad, pero, paradójicamente, amparados por la misma norma (a medida). Verdaderos campos de concentración sin muros, en donde no tiene límites lo grotesco de la opresión y la dominación. Gaza es un ejemplo crudo y doloroso de esto último o, incluso Yemen, o esos lugares en donde el internet no alcanza a conmovernos.

La lógica extrema de la competencia y del individualismo. Eso que desde hace siglos se ha convertido en nuestro verdadero ethos occidental. ¿El miedo? Claro, desde la interpretación hobbesiana de nuestro presente: el miedo del "hombre a morir en manos de otro hombre". Homo Homini lupus, la frase que ha trascendido en voz baja (y alta en ocasiones) a nuestra historia moderna (en Occidente). El miedo, funda en la sociedad la necesidad de construir un espacio de dominación con la hegemonía de la violencia (el poder soberano). Esta lógica, además, ha posibilitado la elaboración teórica de la competencia y del "triunfo" de los más "fuertes". Huxley ¿no?, y su lectura pesimista (hobbesiana) de la obra de Darwin. En esta línea, Huxley extrema su mirada al plantear que las criaturas se pelean sin piedad hasta que se impone el más fuerte. Pero esto no sólo lo señala para el mundo animal, sino que también en el ámbito social y político.

Es decir, un espectáculo de gladiadores radical. Venezuela, Irán, Gaza, entre tantos otros lugares, no son más que la vigencia de un modo de pensar y actuar cuyas raíces, políticas, filosóficas y éticas, pueden rastrearse en los postulados antes descritos. El Leviatán que posibilita la dominación, segregación y colonización. En otras palabras, el miedo como afecto político que produce una sociedad paranoica y aferrada a un/a otro/a como un enemigo (en la línea de Carl Schmitt).

Y si el miedo ha estado a la base en estos postulados, ¿tenemos como sociedad alguna alternativa para poder construir relaciones sociales de compasión?

En efecto, no sólo está el miedo, también está la ternura y el cuidado mutuo. Y así como Huxley hace una lectura pesimista de Darwin, otros, como Kropotkin, se posicionan en una línea opuesta a la competencia. Así, el autor de "Apoyo Mutuo", plantea que la colaboración es lo que está a la base tanto en la naturaleza como en el progreso de las sociedades. Haciendo una lectura positiva de Darwin, Kropotkin concluye que los más fuertes no, necesariamente, son los más aptos, sino que los más aptos, serían aquellos que mejor saben unirse y apoyarse entre sí. Los que saben unirse, subsisten. Simple, directo y clarificador para los tiempos que estamos viviendo. Si el espectáculo de gladiadores estuviera vacío, el show termina.

Como poéticamente lo menciona Margulis, "de todos los organismos que viven hoy sobre la tierra, solo los procariotas (bacterias) son individuos. Todos los demás seres vivos como los animales, plantas seres humanos, etc., son comunidades complejas desde el punto de vista metabólico, formadas por una multitud de seres íntimamente organizados".

La ternura, entonces, como acto político de recuperar el cuidado de la comunidad y lo colectivo. Así, la vulnerabilidad aparece como una fuerza, un afecto político para pensar(nos) de otra manera. La ternura emerge, de esta manera, como un acto subversivo que reivindica al sujeto como ser social. La ternura como (siguiendo a Ávalos Magaña) disposición relacional con potencial normativo, capaz de disputar las lógicas dominantes de individualismo y competencia. En definitiva, como un pilar fundamental en la construcción de la sociedad y de una nueva forma de política, que no se sitúe solo desde la administración de recursos, sino que desde la organización institucional del cuidado mutuo.

La pregunta es ¿cómo respondemos colectivamente a las necesidades del otro/a cuando se encuentra en situación de fragilidad? Una posibilidad de respuesta, podría estar en la revisión de las primeras comunidades humanas, en donde se ha demostrado desde la Arqueología y la Antropología, que avanzaron no por competir, sino que por aprender a sostenerse mutuamente.

En síntesis, los huesos cicatrizados y los restos funerarios revelan cuidado y compasión, no lucha y competencia. ¿Qué dirán de nosotros, las y los arqueólogos del futuro?

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