Sí a la educación gratis para los ricos

“Me parece total y completamente incorrecto destinar 2 mil millones de dólares para subsidiar la educación del 10 o 15 por ciento más rico", se le escuchó decir al ex precandidato Andrés Velasco, tal vez él no entiende que una forma de combatir el grave clasismo de Chile es precisamente reunir a ricos y pobres en algún espacio común.

La mayoría de los esfuerzos por construir un país decente han topado con nuestro clasismo.Recuerdo a un Coco Legrand diciendo en su rutina del Festival de Viña que un indígena como Evo Morales “debía oler a fritanga” o a una Delfina Guzmán arrugando la nariz, cuando en un programa le mostraron adrede una foto de “Kalule” Meléndez (deportista de elite, de muy buena educación) para juzgar si pertenecía a una lista de “guapetones”.

La Nueva Canción Chilena se dividió entre los que iban a la Peña de los Parra (sofisticados) versus los de la Peña Chile Ríe y Canta (menos doctos), a los carabineros de la década del 50 no los dejaban entrar a los salones de Chuquicamata, los apellidos vascos, franceses y anglos determinan ascenso laboral, los sectores populares desconfían de los pituquitos de clase media y hasta existen hippies cuicos versus “hipungas”.

En esencia Chile sigue la lógica de la Colonia, que anhela abogados, ingenieros y médicos pues dan status, no tuvimos una revolución industrial y los cánones de éxito, belleza o aceptación son propiedad de los afortunados.

Este clasismo, ha sido también responsable de que no tengamos una identidad nacional definida.La nuestra, arruga a las dos horas de paseo por Mendoza y es la imposición de los grupos acomodados, no una construcción integrada.

Ejemplo,si el tango surgido en los arrabales es universal  se debe a que hace 100 años lo grupos medios  se interesaron en el y en los sitios populares de encuentro.Ese medio pelaje le insertó literatura, poesía, mientras aprendía de los contenidos dados al ritmo de la dura migración campo- ciudad.

La clase alta de Buenos Aires y Montevideo aceptó el tango en pocas décadas en sus salones de baile, invirtieron en sus cultores, lo exportaron. Por otro lado, músicos y artistas doctos, muchos con cuna de oro, dedicaron su carrera al tango,así logró el dos por cuatro ser la huella digital de ambos países del Plata para el mundo.

Lógico que en esas culturas también hay arribismo, pero debe haber menos clasismo si parieron el tango.

Un fenómeno cultural acá ha sido imposible por el clasismo. La clase alta chilena no invierte en la creación de los grupos populares y medios. Hoy miles de artistas de esas capas no tienen acceso a escenarios, centros culturales oficiales, radios y TV, se auto editan en circuitos de subsistencia. La elite hace 150 años miraba sólo a París o Londres, hoy a Miami, Duke y no sale de La Dehesa.

En Chile, los de arriba desde el día uno le han dicho a los sectores populares que son feos, borrachos, flojos y delincuentes, que sus comidas no son sanas, que no tienen ritmo, apreciaciones todas asimiladas al instante por los grupos medios con fatalismo.

Hoy asustan a la clase media privatizada con ciertas ideas marxistoides para enviar a sus hijos a una educación pública donde, ¡horror!, pululan los pobres.Atemorizan a esa misma clase media, que matricula al hijo (a) puntaje nacional PSU no en la U de Chile sino en una“universidad”pituca para lograr“vínculos” laborales futuros.

¿Hay una forma de atenuar o combatir este desastre? Sí con educación pública y gratuita para todos: para ricos, medianos y populares. Así de sencillo.

La educación estatal, laica, gratuita y de calidad es un derecho para integrar a las personas, sin importar su cuna. La única forma que tres niños, uno pobre, otro mediano y otro rico, crezcan en amistad es reunirlos en su comuna, en una misma sala de clases por años.

Esta reunión debería ser un derecho, como el que garantiza la seguridad pública para todos, de lo contrario retiremos todas las comisarías de los barrios altos, pues ellos pueden pagar su propia policía. No, ¿verdad? Así de ridículo es no anhelar una educación donde se matriculen también gratis los hijos de millonarios.

Los ricos también tienen derecho a explorar el mundo, a saber qué hay más allá del faro de Apoquindo, Caburga y Zapallar. También son hijos de esta tierra, merecen enamorarse de una panadera o tocar con un punky de San Miguel. Nunca entenderán cómo se debe compartir el país, a su vez medios y pobres nunca verán de cerca qué siente un privilegiado.

Soy un afortunado hombre de medio pelo yestudié en el Instituto Nacional, aún conservo la amistad de un amigo hijo de una asesora del hogar, hoy enorme profesor universitario y de otro, pariente de un ex ministro de Estado, muy exitoso gerente de marketing. Doy las gracias de haber compartido por años el banco de escuela con ambos, los tres nos queremos y respetamos en nuestras diferencias, nuestros orígenes diversos no son obstáculo para ayudarnos u orientarnos.

¿A éso le temen con el argumento triste y gris de que los acaudalados tienen para pagar sus estudios? ¿Cómo vamos a conseguir un país interesante, con identidad fuerte si nos separan desde la cuna?, luego en la adultez ya no hay cómo superar las diferencias socio económicas y culturales.

No es un tema de recursos, en última instancia es un dividir para reinar. Quienes deseen educar a sus hijos sólo junto a sus pares están en todo el derecho, para ello existe la educación particular, pero para que los ricos también puedan conocer Chile, el Estado debe garantizar escuelas de calidad, donde sus amigos pobres y medianos los esperen con cariño, para compartir lo más importante del colegio y la educación,el recreo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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