¿Una nueva revolución?

Un gran hoyo negro generado por la tensión entre dos grandes campos de fuerzas, se tragó los vientos de cambio y también a los Jackson, Vallejo y a todos los que creyeron en su capacidad de generar una transformación radical de un modelo que es finalmente cultural, si uno incluye lo social y lo político y lo económico.

Se tragó la calle, la contracultura y la indignación, los discursos encendidos, la movilización y el activismo cívico, las promesas de resistir hasta el fin.

Los cambios muchas veces se originan en los bordes, en el ruido, en el desorden, en las perturbaciones y anomalías de las fronteras de los sistemas en la medida que éstos pierden su capacidad de generar un relato coherente de la realidad y su propia historia, es decir, de interpretar e interpretarse a sí mismos, y de que las personas no sean ya capaces de dotar de sentido lo incomprensible, lo que parece irracional, y lo que a todas luces no contribuye al bien personal y común, a la personalización y humanización.

“Ya no existen el centro y la periferia, lo alto y lo bajo, lo correcto y lo incorrecto. El capitalismo tecno nihilista tiende a incorporarlo todo, incluyendo lo que se produce en sus propias periferias, e incluso lo que se le opone. Ya no existe la contracultura porque todo es producción cultural. Hoy día la contracultura constituye una forma de novedad que enriquece la variedad y como tal se incorpora dentro del sistema”.

Así, de alguna manera, hasta la producción de lo que no tiene sentido, es transmutado y es necesario para dotar de sentido una “manera de actuar egocéntrica y materialista” que permitiría mantener en un “insaciable afán de novedad”, el deseo de consumir, de comprar y gastar lo que siempre será efímero y desechable. Es decir, de mantener el funcionamiento de la economía del hipermercado, una “dictadura del mercado”.

El problema mayor, es que esta realidad intenta muchas veces ser transformada por ideologías que ya no tiene ideologías, es decir, por visiones que no tienen un futuro ideal, de alguna manera absoluto.

“El desplazamiento de aquella visión que concebía la naturaleza cómo orden a otra visión en la que prevalece la idea de un proceso infinito de construcción y reconstrucción, es el primer paso a partir del cual destruir todos los ladrillos con que se ha construido la modernidad”. Es la dictadura del relativismo.

Estos serían los dos campos de fuerzas necesarios para la emergencia del actual hoyo negro como un tractor insaciable: el hiper capitalismo tecno nihilista que todo lo consume,(asociado a la derecha) y el constructivismo deconstructivista donde todo es relativo y lo sólido (hasta Dios) se disuelven en el aire de forma líquida (asociado a la izquierda).

¿Finalmente atrapados entre dos dictaduras? ¿La solución?

¿Una “revolución cultural pacífica” alimentada por los actuales “cristales de cólera” globalizados y alimentados por los jóvenes y actuales medios de comunicación?

Como muchos lo mencionan, no vasta la pasión volátil para los cambios, si no es alimentada por una reflexión crítica creadora, educadora y guiada por la razón capaz de transformar viejas visiones hoy inservibles, sin abandonar la esperanza y la certeza de que existe algo, una base sólida que sostiene un fin, un absoluto por el cual luchar.

No vaya a ser cierto que finalmente las únicas revoluciones posibles-imposibles, sean las violentas armadas y, las religiosas -a veces unidas- para ¿una sociedad que ya no tiene redención, ni perdón?

Nota: las citas entre comillas son del libro “Sobre la Educación en un Mundo Líquido” de Zygmunt Bauman.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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