Y encontraron el gen gay

En la revista SCIENCE se publicó la asociación genética entre la orientación homosexual de hombres estadounidenses y un sitio en el cromosoma X. La prensa popular de inmediato informó: el "gen gay" ha sido encontrado por el Doctor Dean Hamer y sus colegas del NIH. Causaron conmoción mundial. Ni lo digas.

Esto ocurrió hace exactamente 20 años en marzo de 1993.

El documento provocó una avalancha de comentarios y controversias. Muchos biólogos escépticos dudaron que una conducta tan compleja como la preferencia sexual fuera especificada sólo por un lugar genético. A los evolucionistas les resultaba muy difícil que un rasgo negativo en el éxito reproductivo se hubiera instalado en la población. Los del determinismo genético alardeaban de puro contentos.

Las reacciones a la publicación fueron muy poco científicas. Los fanáticos religiosos condenaron que la homosexualidad fuera considerada algo distinta a un grave pecado, sujeto al juicio divino. Y recomendaban a "los trasgresores" que si deseaban evitar el fuego del infierno NO se informaran en la genética, sino dedicarse a la oración, la abstinencia y la "terapia" religiosa.

Nuestro anfitrión nacional, el Cardenal Jorge Medina, estuvo y está a la altura de lo que se dice de él, ha declarado que la homosexualidad debiera estar penada –severamente penada, dijo con un ronroneo de placer– aunque ya no es miembro de una sofisticada minoría a salvo de ese preciso código y que elige Papas.

Los activistas de los derechos de los homosexuales dieron la bienvenida a la conclusión que la homosexualidad era biológicamente innata e inmutable, en vez de ser una elección moral a debatir. Ser gay no era "culpa" de nadie excepto, tal vez, como algunos observaron con ironía, que de las mamás, por no darse cuenta que pasaron una variante del cromosoma X.

Otros pensaron, si la homosexualidad se debe a un único gen, entonces podría ser revelada por la simple prueba de ADN. Esto sería invadir la privacidad de aquellos que mantienen sus preferencias sexuales como asunto muy personal. Pero también ofrecería la escalofriante posibilidad que futuros padres pudieran optar por NO tener hijos homosexuales con pruebas genéticas del óvulo fecundado. O por último liquidarlo nomás.

Los que luchaban por los plenos derechos para los gays desearon que estos conocimientos permitieran que la homosexualidad se presentara como una enfermedad en vez de una diferencia. Oportunamente, los psiquiatras europeos y de los EE.UU confirmaron que la homosexualidad no era ninguna enfermedad.

Como la ciencia exige duplicar los resultados, tras la publicación de los resultados de Hamer, otros investigadores no pudieron replicarlos poniendo en duda el concepto. Los trabajos posteriores del mismo Hamer demostraron que sus hallazgos no contribuían al rasgo atribuido y él se ha retractado.

Durante estos 20 años la cuestión es una controversia genética extraña sin ninguna evidencia y por supuesto agravada por las presiones sociales y religiosas que giran alrededor de este tema y de muchos otros. Los científicos simplemente evitan el tema.

Se podría cuestionar la sabiduría social de invertir fondos en investigar la biología subyacente de algo que en efecto ha llegado a ser considerado una forma de vida alternativa válida, que como tal no es en absoluto relevante para la salud. Si los gays no están enfermos, ¿no es mejor poner recursos a estudiar diversas causas de enfermedades reales que causan tanto sufrimiento en nuestro planeta?

El fracaso para encontrar un solo gen que determine conductas o enfermedades también ocurre en el cáncer de próstata, en comparación, por ejemplo, con la investigación del cáncer de mama. Esto implica que no se resuelven con una hipótesis mecanicista simple y es necesario investigar mucho más para producir finalmente, en el caso del cáncer, una terapia viable. La investigación sobre la base genética de la homosexualidad masculina podría terminar como algo frustrante, largo y costoso.

Por estas razones, sólo un pequeño grupo investiga la genética de la homosexualidad sin invocar jamás causas únicas. Pero actualmente la necesidad social es ofrecer una vía para la realización personal de las decenas de millones de hombres en exceso y “de repuesto” en Asia. Creo que el tema es tan digno de estudio como cualquier otro en biología básica.

Es importante señalar aquí que el propósito de la investigación no es sólo aliviar el sufrimiento. Es también un intento de entendernos a nosotros mismos y al mundo en que vivimos.

Con suerte, la iluminación social emergente que nos permite clasificar la preferencia sexual como un atributo moralmente neutro, con el tiempo hará que los biólogos moleculares se envalentonen para estudiarla.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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