Metro de Concepción y la oportunidad de desarrollo urbano equilibrado en regiones

El reciente anuncio de que el estudio para un futuro Metro en Concepción contempla cuatro alternativas de trazado abre una oportunidad para la capital del Biobío. Tras años de análisis y propuestas, el proyecto vuelve a posicionarse como una opción concreta para fortalecer la movilidad del Gran Concepción y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Sin embargo, el alcance de esta iniciativa va mucho más allá del transporte. La verdadera oportunidad que plantea es reflexionar sobre cómo las grandes inversiones en infraestructura pueden convertirse en motores de un desarrollo urbano y territorial más equilibrado, además de aportar a una descentralización efectiva en nuestro país.

En las últimas décadas se han producido avances institucionales importantes en Chile en esta materia, como la creación de los gobiernos regionales y la elección democrática de sus gobernadores. Ello podría elevar la capacidad efectiva de decidir sobre las inversiones estratégicas que cada región requiere y, en particular, respecto a la movilidad y la importancia de invertir en un metro para mitigar los problemas de congestión y contaminación.

En ese contexto, el caso de Concepción resulta emblemático. El área metropolitana constituye uno de los principales polos universitarios, industriales, logísticos y portuarios del país. Su dinamismo económico supera ampliamente sus límites comunales y ejerce influencia sobre gran parte de la macrozona sur. Dentro de las factibilidades que se discuten, el Biotrén existente podría tener una nueva ruta al extenderse hacia el centro de Concepción mediante un sistema subterráneo, usando los trazados principales en evaluación como ingresos por calles como O'Higgins, Paicaví o Alonso Rivera.

En ese sentido, la experiencia del Metro de Santiago dentro de una ciudad que concentra cerca del 40% de los habitantes del país debería ser instructiva para evaluar estudios de prefactibilidad de Concepción y los tipos de inversiones con alianzas público-privadas que forman parte de una política permanente de expansión urbana.

Si bien Concepción concentra una menor población que Santiago en su área metropolitana, con aproximadamente 1 millón de personas y repartidas en 10 comunas, su condición actual de viajes al centro de la ciudad y estructura vial llama a un plan estratégico de viabilidad multimodal. Además, Concepción no es el único caso. El Gran Valparaíso enfrenta desafíos similares, al igual que otras áreas metropolitanas emergentes como La Serena-Coquimbo o Antofagasta, donde especialistas han propuesto soluciones ferroviarias adaptadas a sus características.

La discusión, por tanto, no es si todas las ciudades deben replicar exactamente el modelo del Metro de Santiago, sino adoptar las lecciones aprendidas de este sistema de transporte, acordes con las necesidades y proyecciones de sus regiones. Sin duda, las grandes inversiones en transporte modifican patrones de crecimiento urbano, aumentan la productividad, favorecen la integración territorial y elevan la competitividad regional.

Además, la infraestructura urbana de una región no responde únicamente a la demanda existente; también crea las condiciones para el desarrollo futuro. En ese sentido, la rentabilidad del metro de Concepción no debería medirse sólo por el número de pasajeros o por indicadores financieros tradicionales, sino también por su capacidad para fortalecer un sistema urbano policéntrico, reducir desigualdades territoriales y consolidar sus comunas para que sean capaces de competir, innovar y atraer inversión acorde con sus singularidades territoriales.

Por lo tanto, el debate sobre un Metro en Concepción representa, en definitiva, mucho más que una decisión de factibilidad técnica o ingenieril; significa invertir con visión estratégica para que las principales ciudades y capitales regionales de nuestro país puedan desplegar todo su potencial, y dejar de ser un anhelo local.