La Feria Internacional del Aire y del Espacio (Fidae), que se realizará entre el 7 y 12 de abril de 2026 en Santiago, suele ser vista como lo que evidentemente es: una feria de renombre internacional, capaz de reunir a los principales actores de la industria aeronáutica, espacial y de defensa. Pero hace ya varias versiones que esa definición, siendo correcta, se volvió insuficiente. Fidae hoy es bastante más que una vitrina sectorial.
Basta revisar el catálogo de iniciativas que conviven en su interior para advertir un cambio de escala. Allí aparecen, con creciente protagonismo, espacios en que el ecosistema de ciencia, tecnología, conocimiento e innovación deja de ser un invitado protocolar para convertirse en actor principal: el encuentro de ciberseguridad, el encuentro del Espacio y, por supuesto, el encuentro de Innovación Dual (que será inaugurado por la ministra de Ciencia) son claros ejemplos de ellos. Y no son actividades accesorias; son la señal más clara de que Fidae está evolucionando hacia otra cosa.
¿Hacia qué? Hacia una instancia en la que confluyen, de manera cada vez más visible, tres grandes ámbitos de política pública: ciencia, economía y defensa. Y cada uno llega con objetivos de Estado perfectamente reconocibles. Desde la ciencia, el desafío de convertir a Chile en una economía y una sociedad basadas en el conocimiento. Desde la defensa, la necesidad de ampliar la independencia y la soberanía estratégica del país. Desde la economía, la urgencia de diversificar y sofisticar la matriz productiva. Dicho de otro modo: tres lenguajes institucionales distintos que, en el fondo, apuntan a una sola idea, acaso la más importante de todas: el desarrollo nacional.
Eso explica por qué Fidae importa más de lo que a veces se cree. No solo exhibe capacidades: ayuda a conectar mundos que en Chile han tendido a dialogar poco o demasiado tarde. Y cuando esos mundos se encuentran bien, el resultado no es únicamente una mejor política sectorial, sino una política de desarrollo más inteligente, más sofisticada y más consciente de que la autonomía estratégica no se decreta: se construye.
No se trata, además, de una intuición aislada. En Chile ya existen iniciativas en las que estos tres estamentos confluyen en torno a objetivos comunes, aunque cada uno persiga, legítimamente, sus propios fines institucionales. El ejemplo más inmediato, y el más cercano al espíritu de Fidae, es el Sistema Nacional Espacial. Aunque su rostro más visible sea la Fuerza Aérea, su alcance desborda con mucho lo estrictamente militar: formación de capital humano avanzado, desarrollo tecnológico, articulación institucional y la posibilidad de incubar una economía espacial con efectos directos sobre el conocimiento, la industria y la soberanía del país.
Por supuesto, siempre se puede pedir más. España acaba de dar una señal en esa dirección con IN+DEF, el nuevo ecosistema público de innovación para la industria de defensa, presentado el 30 de marzo de 2026 por los ministerios de Defensa, Industria y Turismo, y Ciencia, Innovación y Universidades. Su propósito es reforzar la soberanía tecnológica, la seguridad y la competitividad industrial, facilitando además la incorporación de más pymes y startups a la base industrial y tecnológica de la defensa.
Chile no está tan lejos de imaginar una gran iniciativa de esa naturaleza. Tiene capacidades científicas, desafíos estratégicos, talento y una necesidad cada vez más evidente de coordinar mejor sus instrumentos. En ese camino, Fidae no es solo una feria exitosa con 46 años de historia. Es, quizás, una de las pocas escenas nacionales donde ya puede verse, en miniatura, una política de desarrollo del futuro: una donde ciencia, economía y defensa dejan de avanzar por carriles paralelos y empiezan, por fin, a empujar en la misma dirección.
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