El arte fortalece la resiliencia frente a los desastres

Alejandro “Mono” González es candidato al Premio Nacional de Artes Plásticas 2019. Su nombre, Mono, es probablemente un testimonio del cariño y admiración que muchos chilenos y chilenas le hemos tenido desde que lo conocimos a través de sus obras artísticas emplazadas a lo largo de muchas ciudades y, que sirvieron para representar el sentir de los movimientos sociales y de los más vulnerados en el Chile pre-dictadura.

Sus murales, que todos reconocemos en un principio en murallas de poblaciones marginales, las riberas del río Mapocho, el Puerto de San Antonio, Coyhaique, los edificios de la Avenida Departamental, las paredes interminables de sitios eriazos, entre muchos otros lugares, incluso en escenografías emblemáticas como en la película Machuca.

Su obra fue y continúa siendo fuente de inspiración tanto para los que nunca entran a un museo, como para aquellas que si tienen la oportunidad de admirar obras de arte más tradicional, o para quienes creamos arte para inscribir nuestra historia y territorio.

El Mono González es un artista visual reconocido internacionalmente que ha hecho de la calle un lugar para el aprendizaje y la expresión artística. Andar en metro y admirar cotidianamente sus hermosos murales en la Estación Parque Bustamante, en la entrada de la Estación Bellas Artes, o las paredes del Persa, o sus bellas serigrafías en la Galería del Mono, son testimonio de aquello que en Chile es a veces difícil de encontrar: la memoria. Para mí en lo personal los murales de la Ramona Parra siempre han tenido un poder simbólico, contestatario, y movilizador.

Como investigador principal de un centro de investigación de excelencia FONDAP-CONICYT, CIGIDEN, y también como profesor de psicología en la Universidad de Massachusetts, quisiera enfatizar la contribución que Mono González ha hecho a la Memoria del desastre y, por ende, a sanar el trauma psicológico, cultural, y social, como consecuencia de la catástrofe que sacudió al centro-sur de Chile hace casi una década.

En su libro 27 de Febrero podemos observar una profunda reflexión gráfica acerca del impacto en las comunidades de Curanipe y Pelluhue a través de unas serigrafías que retratan a una comunidad devastada y resiliente. Publicado el mismo año de la catástrofe de 2010, y ganador del Premio Altazor que le otorgan los y las artistas, el libro da testimonio del compromiso del Mono con el momento histórico ante el cual el país se enfrentaba.

El autor aporta al país su visión de la narrativa que emergía desde los sobrevivientes del tsunami y terremoto de 2010, del mismo modo que lo ha hecho siempre, es decir, nos cuenta de los invisibles en nuestro país, las personas en zonas rurales y marginadas, de los trabajadores del mar y las minas.

En este maravilloso libro, agotada sus primeras ediciones, nos conecta a todos con la naturaleza que se rebela y con el contrasentido típico de la actividad humana: localizarse donde los riesgos son muy altos pero con consecuencias trágicas para los más desposeídos.

En esta obra artística en la cual el Mono educa a estas comunidades en el arte de la serigrafía, muta en etnógrafo y movilizador cultural, psicólogo y antropólogo, narrador y periodista, dando voz a comunidades invisibles a la matriz que estructura el relato de los sobrevivientes de un desastre.

Este artista nos retrata, observa, y por sobre todo, recoge la voz de los más vulnerados, de los que se organizan, de la mayoría explotada.

Lo hace con colores violeta, azul, negro, amarillos, y rojos, sin pretensiones superficiales, simplemente nos pinta y nos invita a pintarnos tanto en el drama como en la movilización desafiante del orden establecido. Nos recuerda que podemos ser más si nos conectamos, si salimos a la calle, si reconocemos al otro y la naturaleza como nuestro par.

Sus imágenes son de de un valor incalculable a la sanidad de nuestro país. La serigrafía se transforma en una forma de sanación colectiva, en una terapia de grupo que acoge no solo a las personas, también retrata la naturaleza. Sanar a un país y fortalecer la resiliencia requiere nuevas edificaciones y estructuras no solo físicas; en Febrero 27, Mono construye un mundo no solo para sobrevivir sino para vivir. De la devastación, se reconstruye un nuevo mundo. Al igual que en su trabajo de muralista, el Mono nos trae la emoción a la política, el amor a la institucionalización de un desarrollo amable con todos. Nos cuenta a través de sus formas que es posible construir un mundo mejor.

Pero no solo ha trabajado la memoria y la reconstrucción después del trauma. Nuestro artista también crea pensando en el futuro. El Parque de Mitigación Víctor Jara contiene un mural que le da color a una de las infraestructuras más inteligentes de la Región Metropolitana.

El parque esta diseñado no solo para ser una fuente de esparcimiento en un barrio popular, su diseño está planificado para evitar las consecuencias desastrosas de un aluvión como el ocurrido en la Quebrada de Macul en 1993. El Zanjón de la Aguada, signo de la desidia por los más pobres, se transforma en una obra pública que mitigará el impacto de otro aluvión.

Es ahí donde el Mono plasma nuestra alma a través de un mural que se extiende de los muros al suelo inundable. El mural nos sirve para recordar que la resiliencia se construye no solo con buenas estructuras ingenieriles, se fortalece también en comunidad y con la participación de artistas que tienen la sabiduría para capturar los momentos históricos y presentes de nuestro país. Me imagino lo mismo sucede cuando Mono González es invitado por instituciones en el mundo a pintar murales en espacios públicos. 

Su sintonía con el mundo popular y su pertenencia en el es algo que este país le debe agradecer. Los murales son a veces efímeros pero se plasman en la memoria de las personas cuando las admiran en su trayecto aburrido al trabajo o de vuelta a casa.

Yo espero que la elección de Alejandro “Mono” González como Premio Nacional de Artes 2019 contribuya a crear un país más resiliente para todos e impulse que muchos mas “Monos” se integren a evitar que las frecuentes amenazas naturales que nos impactan no se transformen en desastres que afectan particularmente a los mas pobres y marginados de nuestro país.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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