El rayo que no cesa

El 30 de octubre de 1910 nació en Orihuela, España, el tercer hijo del matrimonio formado por Miguel Hernández Sánchez y Concepción Gilabert Giner heredando el nombre de su padre y también, desde muy pequeño, la tradición laboral de la familia: el pastoreo caprino.

El niño creció bajo el alero de la dureza del carácter paterno y en un entorno político marcado por el reinado de Alfonso XIII y la presencia mayoritaria de los liberales iniciando sus primeros pasos en la escuela Nuestra Señora de Monserrat a la par de ir aprendiendo a ordeñar y dirigir el ganado de la familia.

Un adolescente Miguel Hernández, recién llega a los 15 años, revela una despierta inteligencia y una avidez de conocimiento que llama la atención en los jesuitas que esperan contar con él dentro de la Orden de Jesús, pero su padre negará el permiso para ello pues la subsistencia de la familia depende de la mayor dedicación de Miguel a su rol de cabrero y repartidor de leche.Una cierta humillación posiblemente recorra el alma del joven pues en su trabajo deberá pasar diariamente por la puerta del Colegio de Santo Domingo que acaba de dejar.

Sin embargo, a pesar de ser apartado de su aprendizaje, el joven Miguel opta por una autoeducación yendo periódicamente al Círculo de Bellas Artes y al Círculo Radical.

El alto analfabetismo que le rodea representa para él mismo un incentivo a la lectura consciente de todos los libros que llegan a sus manos. Zorrilla, Virgilio, Rubén Darío, San Juan de la Cruz y Cervantes entre otros serán devorados por los ojos del asombrado pastor.

En medio del vértigo de la lectura, considerada siempre una pérdida de tiempo por su padre, Miguel Hernández ha entablado relación con José Marín Gutiérrez, quien pronto tomará el nombre literario de Ramón Sijé y con quien, aunque tiene tres años menos que él, compartirá buena parte de su lectura y más de los versos que ya había comenzado a escribir hace bastante tiempo.

Con toda su motivación por ser escritor y liberarse del yugo paterno viajará a sus 16 años a Madrid en busca de fortuna la que le será adversa en oportunidades reales pero no en aprendizaje pues será en la capital española donde conocerá de primera mano el trabajo de la legendaria Generación del 27.

De regreso en Orihuela la creación literaria brota a borbotones de su alma y le lleva a publicar su primer libro “Perito en lunas” en 1933. Este primer trabajo le abrirá las puertas del universo literario con el que ha soñado y en su segundo viaje a Madrid, ya con un nombre reconocido, asume distintos cargos relacionados con variadas publicaciones pero más esencialmente para su búsqueda personal traba amistad con muchos escritores y en particular con Vicente Aleixandre y Pablo Neruda.

Sus formas poéticas comienzan entonces a tomar tintes más comprometidos con la pobreza que ha visualizado rodeándole toda su corta vida.

En el complejo escenario político de la España de 1936 estalla la Guerra Civil y Miguel Hernández no tardará en alistarse para la defensa del gobierno democráticamente electo.Fue parte del 5º Regimiento y de otras unidades en distintos frentes de batalla.

Como un republicano más defenderá con hechos su pensamiento aunque haga un paréntesis en marzo de 1937 al volver a Orihuela sólo para contraer matrimonio civil con Josefina Manresa Marhuenda a quien pretendía desde hace bastantes años.

Vuelve pronto a la batalla mientras escribe, en medio de la guerra y entre sus viajes “El hombre acecha”, “Cancionero y romancero de ausencias” y “Viento del pueblo”.

Declarada la conclusión de la guerra en 1939 por el general Francisco Franco las múltiples caras de los vencedores se dejan ver en la masiva quema de libros.

Entre estos están los de Miguel Hernández de los que afortunadamente algunos ejemplares sobreviven y cuya reedición sólo vendrá casi cincuenta años más tarde. Mientras tanto Hernández ha huido a Portugal con poca fortuna pues allí es reconocido como activista republicano y entregado a las autoridades españolas.

Su vida en las cárceles del franquismo es azarosa. Comienza su reclusión en Sevilla, luego en Torrijos de donde es liberado por gestiones de Pablo Neruda aunque pronto, en 1939, vuelve a ser encarcelado luego de su regreso a Orihuela y condenado a muerte en 1940 pena que es conmutada por la de treinta años gracias a algunos amigos que interceden por su vida.

Sin embargo, trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante enferma gravemente de bronquitis y de tifus. A pesar de ello contrae matrimonio por la Iglesia con su mujer el 4 de marzo pero sus enfermedades derivan en una tuberculosis que le quita la vida el 28 de marzo de 1942 en el penal de Alicante.Tenía sólo 31 años.

La grandeza, la sencillez y la enorme sensibilidad de Miguel Hernández queda sin duda reflejada de múltiples formas en su vasta obra que es imposible resumir en estas líneas que intentan humildemente abrazar su breve vida a 103 años de su nacimiento.

Quién sabe, como Serrat dijo en alguna oportunidad, lo que hubiera podido llegar a escribir este gran poeta cuando apenas si le dieron tiempo a serlo. A pesar de ello tal vez estos versos arbitrariamente extraídos pudieran ser una referencia válida de lo que toda su obra quiso abarcar de manera incesante como aquel rayo plasmado en sus palabras.

¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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