El Homenaje de Quilapayún a Eduardo Frei Montalva

Hace algunos días se publicó en la página de Facebook del Quilapayún un Homenaje al Presidente asesinado Eduardo Frei Montalva. Lo motivaba sin duda la indiferencia con que los medios trataron la noticia que anunció el cierre de la investigación sobre su muerte y ordenó juicio para seis sospechosos, caratulando además el hecho como “homicidio”.

La bajada se titulaba “Un pueblo unido para el Presidente Frei”, e incluía un link con la canción en vivo y el siguiente preámbulo: "Un Pueblo unido por el Presidente Eduardo Frei Montalva, asesinado por la dictadura militar en el momento en que hizo cabeza de la oposición en los tiempos más duros. Mártir de nuestra democracia con los mismos derechos que Allende, Víctor Jara y los miles de chilenos víctimas del terrorismo de Estado. No siempre estuvimos de acuerdo con sus posturas, pero lo cortés no quita lo valiente. Antes que hombres, somos caballeros, caballeros de poncho negro, siempre dispuestos a reconocer los actos dignos y valientes, y eternamente agradecidos de los mártires de la dictadura”.

El homenaje tuvo un amplio apoyo entre los seguidores del grupo, más de 2000 “Me gusta”y más de 500 “Compartir”, cifras récord en esta página. Sin embargo, eso no significa que no hubiera controversia: la mayoría de los comentarios que se hicieron fueron negativos, expresando repudio al hecho, tratando al grupo de traidor, de “facho”y acumulando razones por las que Frei no sería merecedor de este homenaje y además debería ser repudiado.

El asunto me recordó otra historia anterior, pero en algún sentido relacionada. El “Cuervo”Castro, uno de los más talentosos hombres de teatro chilenos, fundador del Aleph, hoy día residente en Francia, fue uno de los tantos compatriotas que pasó por prisiones y campos de concentración antes de poder salir exiliado al país donde actualmente reside.

Cuando estaba en la cárcel, un día su madre vino a visitarlo. En la entrada de la cárcel los visitantes debían formar una interminable “cola”para ser revisados por los gendarmes y autorizados a entrar. Hacía calor y la espera se hacía insoportable. La mamá del “Cuervo”, que era fanática pinochetista, comenzó a dirigir la rabia que le provocaba la espera hacia las personas que estaban a su alrededor, increpándolas y culpándolas por haber provocado esa situación que ella tenía que soportar ahora. Madres, padres, hermanos y esposas de los detenidos le respondieron con furia y se armó una tremenda batahola. Los militares que custodiaban la fila - y que, como se sabe, nunca han sido ni muy inteligentes ni muy comprensivos - observando que el centro de la trifulca era la madre del “Cuervo”, la sacaron a la fuerza de la cola y se la llevaron. Hoy día ella figura en la lista de los detenidos desaparecidos.

Años después, conversando un día con el “Cuervo”, me  mostró su desazón porque no estaba seguro de que fuera justo que su madre figurara en la misma lista de víctimas que los que se habían jugado por sus ideas. El asunto me pareció dramático. ¿Es lícito hacer diferencias entre las víctimas de la dictadura?

¿Es justo discriminar entre los muertos, entre muertos de derecha, muertos de izquierda, muertos comunistas, y hasta muertos pinochetistas víctimas de la represión que ellos mismos apoyaban?

¿Es correcto separar a los muertos militantes, de los muertos por casualidad? La historia de la madre del “Cuervo”no es la única. Hay muchas más que parecerían increíbles. Hay muchos que no tenían nada que ver, que pasaban por ahí, que estaban de visita, que tosieron en el mal momento, que sacaron una fotografía, etc. etc. etc. Por eso, si bien es comprensible honrar y homenajear a los muertos propios, no es justo hacer diferencias entre las víctimas de la dictadura. No importa lo que hayan hecho o no hecho, o lo que hayan pensado o no pensado. Lo que se condena en sus muertes es el hecho de que hayan sido víctimas del terrorismo de Estado que se llevó sus vidas injustamente.

Lo que defendemos los que estamos por la defensa de los Derechos Humanos es el derecho y el respeto a la vida de todo ser humano, no solo el derecho y el respeto a la vida de los que piensan como nosotros.

El horror de la dictadura, lo que le quita todo sustento moral, es que haya desencadenado su furia indiscriminadamente sobre cualquier chileno. No solamente sobre los que éramos militantes de partidos de la izquierda, sino sobre cualquiera que cayera bajo sus sospechas. En su ceguera está la matriz de su horror. Y lo que nos debe unir a todos (El pueblo unido…) es precisamente la defensa de esos derechos ciudadanos, dentro de los cuales están los derechos humanos.

Por eso, tampoco es justo discriminar entre mártires de la democracia de un partido o del otro.

Frei fue asesinado porque se puso a la cabeza de la oposición al régimen. Si bien fue contrario a Allende y a la Unidad Popular y su actitud frente al golpe en los primeros días fue muy discutible, su posicionamiento posterior fue claro y valiente.

Fue asesinado porque su figura llegó a liderar la causa democrática. Por lo tanto, tendrá que quedar como uno más de los tantos asesinados por la dictadura por causa de sus ideales democráticos. Eso es lo que importa que los chilenos tengamos en cuenta hoy día en que ya no se puede dudar sobre las causas de su muerte.Ningún demócrata puede ser indiferente ante esta muerte, y si lo es, quiere decir que no es demócrata.

La esencia de la política es la movilidad. Los suelos por donde transita son movedizos. Un día pareciera todo ir en una dirección y al otro día esa misma dirección cambia de sentido. Una actitud rígida, intransigente, sin considerar estos vaivenes, es necesariamente equivocada.

Los juicios moralistas no tocan jamás el asunto mismo que está en juego. Juzgan en forma maniquea, como si todo fuera siempre un conflicto entre el bien y el mal. Se busca que el movimiento se detenga y que el error que uno comete un día no pueda ser jamás redimido, aunque al otro día se reconozca y se actúe en sentido exactamente contrario.

No se permite el cambio, aunque la vida contradiga esta rigidez en cada uno de sus momentos.Pero las cosas nunca están claras, navegamos en aguas turbias y en mares tempestuosos. Todos nos equivocamos en algún momento de nuestras vidas, no existen los jueces absolutos que se erijan desde el conocimiento total y absoluto de la verdad definitiva. Las cosas son siempre más complicadas.

Por eso, los que han publicado estas mezquindades y odiosidades contra el Quilapayún por este homenaje deberían explicarnos que es lo que les da tanta seguridad como para condenar a Frei al infierno, de dónde sacan tanta seguridad como para erigirse en jueces.

¿No será que están cayendo precisamente en la ideología absolutista y sectaria que pretenden combatir? Pero sobre todo, deberían responder, quienes caben en ese pueblo que debe estar unido para no ser jamás vencido. Solo entonces tendrían derecho a ponerse a gritar consignas con las que les cuesta tanto ser consecuentes.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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