Nabila y la violencia

Nabila. Cualquier palabra que añada corre el riesgo de ofender lo que has sufrido: eres mucho más que una nueva víctima de la atrocidad machista. Te pido permiso para aportar a que esto no se repita.

En 2015 hubo 45 femicidios y 122 intentos. Sabemos que hay femicidio porque hay machismo enquistado en nuestras costumbres, machismo  normalizado. Una vez más un acto de atroz violencia se explica (jamás se legitima) por otra violencia más sutil, una que le precede. La violencia criminal hacia Nabila fue transversalmente reprobada, pero existe otra violencia que está en su origen, una más tramposa y aún culturalmente aceptada. Se expresa en cientos de síntomas del machismo larvado, en la desigualdad de los sueldos, en el sexismo de los lenguajes, en la disparidad de género en los cargos de autoridad y muchos otros más.

Las distintas violencias estructurales son parte de nuestro "status quo", del orden (o desorden) social vigente. Este nos mantiene en ciertas relaciones de poder  a quienes actualmente estamos en situaciones de privilegio, o de seguridad, o de prosperidad. Nos mantienen en situaciones de superioridad respecto de otros que están en posiciones de exclusión, invisibilidad y empobrecimiento. Esta asimetría que hace daño, es la que a menudo se da en la relación de la mujer respecto del hombre, del empleador respecto del trabajador y de las regiones respecto de Santiago.

Reconocerlo y repararlo es frenar la violencia, negarlo es preparar otros brotes de violencia. Cuando surge un estallido de violencia, una persona toma la justicia por sus manos, los caminos de Chiloé se cortan, los camiones madereros son incendiados, las turbas roban las tiendas... la primera respuesta, necesaria pero insuficiente, es imponer el orden público y el respeto de la ley vigente. Pero será ineficaz para el logro de la paz si no se hace la pregunta del porqué sucede esto.

Décadas atrás los obispos  denunciaban las "estructuras antihumanas...” El machismo es una de ellas, un perverso "sistema de valores" cuyo resultado es la naturalización de la violencia de género. Reconocer la violencia de las estructuras antihumanas (centralismo administrativo, extractivismo productivo, segregación urbana, racismo, machismo u homofobia cultural, invisibilidad de los excluidos,  por decir sólo algunas), comprender cómo opera su larvada erosión de la paz social, es un paso de lucidez en la creación de una patria justa, que sea casa común.

Hay acumulaciones de rabias en el país; ellas son síntomas de malestares, no son sólo arrebatos adolescentes. La alternativa a la legitimación de la violencia es la lucidez respecto de las causas de la violencia, la reparación de aquellas estructuras anti humanas que están en su origen. La  aplicación de la ley necesaria para sostener el orden público, la acción de las fuerzas de orden y seguridad,  sólo nos da un tiempo breve para avanzar en este trabajo de reparación pendiente.

Es como para inquietarnos el constatar  que el reconocimiento de los Derechos Humanos y de las responsabilidades ciudadanas "requiera" de tomas de carreteras, barricadas y movilizaciones de creciente violencia. Para la reparación de los Derechos y responsabilidades negadas no basta la manifestación del enojo en las calles, tampoco la intervención de las fuerzas de  orden público basta para la paz social. 

Requerimos sumar reflexión sobre las causas de la violencia, aquellas que muchas veces tienen raíces culturales, que requieren de parte de todos el hacer las cosas de manera distintas.

Nabila, ante la criminal agresión que sufriste, tendremos que comprender la masculinidad de manera distinta.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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