La sanidad como ventaja competitiva: un activo que hay que defender

Cuando una fruta chilena entra a China o un vino cruza hacia la Unión Europea, lo que abre esa puerta no es solo la calidad o el precio, es el estatus sanitario. La sanidad vegetal y animal es el cimiento invisible sobre el que descansa todo el edificio exportador del agro chileno. Sin ese piso, no hay acceso, no hay certificación, no hay negocio.

Chile construyó esa posición durante décadas. Protocolos rigurosos, fiscalización en frontera, programas de vigilancia activa y negociaciones de equivalencia sanitaria con los principales mercados: todo ese trabajo acumulado se tradujo en una ventaja competitiva real, que se expresa en precios, en canales de comercialización y en una reputación que precede a cada embarque.

La brecha está disminuyendo

Lo que hoy está en juego es esa ventaja. Perú, nuestro principal competidor en frutas frescas, ha avanzado sostenidamente en el control de plagas agrícolas, lo que le ha permitido mantener y ampliar el acceso de los mercados internacionales a sus productos. En ganadería, el avance es aún más significativo: en mayo de 2025, Bolivia y Brasil recibieron de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) el reconocimiento como países libres de fiebre aftosa sin vacunación, el estatus más exigente que existe. Brasil, el mayor exportador de carne bovina del mundo, accede ahora a mercados premium que antes le estaban vedados. Eso tiene consecuencias directas para nuestra ganadería.

A esto se suma un entorno sanitario global que se vuelve más exigente: la influenza aviar sigue activa en varios continentes, el cambio climático expande los rangos geográficos de plagas y vectores, el comercio informal y contrabando de productos agropecuarios presiona permanentemente las fronteras. Mantener el estatus sanitario hoy cuesta mucho más que hace diez años.

El Estado no puede hacerlo solo

La tentación es esperar que las agencias del Estado resuelvan el problema, pero el sistema sanitario no funciona ni falla exclusivamente en las oficinas de un servicio regulatorio, sino que funciona o falla en todos los eslabones y actores que son parte de la cadena. El productor que avisa ante sospecha de presencia de plagas y enfermedades a tiempo, el exportador que cumple el protocolo a cabalidad, la asociación gremial que capacita a sus socios: todos son parte del sistema de defensa.

La ventaja sanitaria de Chile no se va a defender con más normativas, sino que se va a defender con una alianza en que el Estado pone la inteligencia, la normativa y la capacidad de respuesta, y el sector privado pone la vigilancia en terreno, el cumplimiento activo y la inversión en buenas prácticas. Los competidores que hoy nos acortan distancias lo hicieron con exactamente esa fórmula.

La pregunta no es si Chile puede mantener lo que construyó. La pregunta es si está dispuesto a cuidarlo entre todos.