No eliminemos el Sence

El debate sobre el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (Sence) muestra dos caras. Por un lado, es una herramienta que busca la capacitación de personas con menores ingresos y el crecimiento de las empresas; es decir, incentiva el mejoramiento empresarial a través de la formación de quienes trabajan en ellas. Por otro lado, se plantea que "la eliminación del Sence significaría un ahorro de US$ 300 millones para el Estado", argumento que surge en un contexto de falta de recursos Estatales.

La gran contradicción de este cambio tributario es que, según las autoridades, debe realizarse con sentido de crecimiento y desarrollo. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿qué herramientas se entregarán a las pymes y a las grandes empresas para mejorar su capital humano? El Sence es necesario, pero también es razonable que deba ser regulado para evitar que se transforme en un mecanismo de elusión tributaria.

En ese sentido, el foco debería estar en la revisión y supervisión de los cursos financiados, asegurando que efectivamente contribuyan a mejorar las capacidades tanto de la empresa como de las personas, promoviendo aprendizajes con valor real.

¿Por qué este incentivo? Porque implica fomentar la apuesta de la empresa por sus trabajadores. Una persona capacitada no necesariamente permanecerá en la misma empresa en el corto plazo; aun así, se incentiva su formación, especialmente en el caso de trabajadores de menores ingresos, quienes tienen mayores limitaciones de acceso (considerando que existen topes de uso según renta).

A mi entender, el proyecto debería centrarse en perseguir las malas prácticas en el uso del Sence. Por ejemplo, permitir únicamente cursos relacionados con la industria de la empresa y aumentar las sanciones a quienes incumplan la normativa. Sin embargo, no se debería eliminar un incentivo que contribuye al crecimiento de Chile.