¿Aulas seguras, democráticas, de convivencia o preventivas?

Frente a los hechos puntuales de violencia, brutal, en algunas instituciones secundarias emblemáticas en la comuna de Santiago, diferentes actores han reaccionado, con múltiples diagnósticos y posiciones - Brunner, Peña, Treviño, López, entre muchos otros y otras - sobre lo que connotan tales situaciones para la educación pública.

Así, la “opinología” que produce el fenómeno educativo, al igual que con las tareas para la casa (lo recordarán), se observan en el caso de los emblemáticos santiaguinos, posiciones altamente reactivas y marcadamente punitivas, adjetivadas por la seguridad, cuestión por lo demás viene siendo la tónica en cómo se reacciona y responde a una serie de hechos violentos localizados y situados.

Cabe precisar que en Chile son aproximadamente 3.500 las diversas instituciones que a través de sus modalidades de dependencia pertenecen a la educación media (o secundaria).   

Casi como el oscilar de un péndulo, emergen visiones totalmente opuestas, privilegiándose en la otra vereda del poder político (no oficial), el discurso sobre los valores democráticos como marco de referencia para proceder frente a tales hechos. Discusión que al parecer, como es habitual en nuestra idiosincrasia, parece converger hacia un foco central denominado convivencia.

Tal ámbito de responsabilidad escolar, por lo demás, hace un tiempo fue instaurado formalmente como un área de atención relevante en el funcionamiento de las comunidades escolares y es monitoreado por un indicador de SIMCE (otros indicadores). 

Cabe destacar que el grado de convivencia de una comunidad escolar, está estrechamente relacionada con los diferentes resultados de mediciones de sectores de aprendizaje escolar tradicionales a través del clima o ambiente. Relación que no es casualidad, dado que todas las mediciones sobre desempeño escolar tanto nacionales como internacionales (LLECE de OREALC/UNESCO), develan que clima escolar y de aula se constituyen en variables intra escuela determinantes en la explicación de casi la totalidad de las manifestaciones de aprendizaje asociados al valor agregado de un establecimiento escolar.

Recientemente una encuesta de sondeo, administrada a estudiantes universitarios (cerca de mil) que egresaron el año pasado, coordinada por el encargado del Programa de Estudios Sociales y Desarrollo de la PUCV, devela entre sus principales hallazgos que un porcentaje de las opiniones, que va desde el 75,3 % al 83,4% de jóvenes provenientes de instituciones particulares, subvencionadas y municipalizadas, respectivamente, perciben que sus pares no respetan a sus profesores. 

Además, frente a la interrogante sobre qué es lo que más les ha gustado de la institución en que cursaron sus estudios secundarios, estos listan en primer lugar al ambiente, seguido por sus profesores.  

Pero, ¿qué ambientes y qué tipo de profesores (educadores) posibilitan un encuentro auténticamente formativo?, es sin lugar a duda el principal asunto en que no se profundiza, como era de suponer en tal encuesta y conjunto de opiniones. Sin embargo, algún marco de respuesta sustantivo es posible encontrar en los lineamientos del Sistema Preventivo Salesiano. 

El ambiente educativo es fundamental y Don Bosco lo resaltaba de manera simple, pero rica en una de sus diversas definiciones, precisando que “es la atmósfera adecuada en la que nace el afecto y la confianza de cada uno”. Instaba al constante diálogo y rechazo del autoritarismo “convencer, no vencer era la consigna”.

Asimismo, precisaba que la primera experiencia de aprendizaje en valores se tiene mediante el sentirse parte de una comunidad. Afirmaba, “la sola proclamación de los valores, de las reglas de conducta, si no encuentra respuesta en las relaciones diarias, no tiene ninguna influencia real en la persona. Los valores deben tener un rostro”.

Nadie aprenderá honestidad si no se encuentra con quienes practican la honestidad. El diálogo afectuoso con el otro es clave para forjar la propia identidad y genera confianza y seguridad, algo de especial relevancia en las primeras etapas de la vida.

Sin lugar a dudas, más que un director(a) o rector(a) carismático, las instituciones secundarias emblemáticas y masivas que son las que mayoritariamente se han visto lesionadas en su convivencia por la violencia extrema, requieren, por un lado, un Marco de Políticas Educativas orientativas y también prescriptivas, que faculten de mayor autonomía de decisión, sobre la base del discernimiento y los valores en que se sustenta tal proyecto educativo.   

Cada vez más, es necesario priorizar la responsabilidad directiva y docente, para un desempeño de un liderazgo directivo marcadamente pedagógico, expresado en primer lugar, en su atención al conocimiento profundo de la realidad socio cultural en que están insertos sus estudiantes, y por sobre todo, formar desde sus inicios a estos en la riqueza de diálogo y el afecto. Relacionándose con ellos, a través de formas menos convencionales e innovadoras para construir vínculos afectivos y efectivos para el aprendizaje del respeto mutuo, la tolerancia y el rechazo colectivo a toda forma de violencia.

En este sentido, cultivar en la comunicación, un lenguaje amable, de actores y agentes educativos y, por tanto, su esmero en la construcción de éste. Como asimismo, la prudencia para analizar hechos y la evaluación educativa de estos se tornan clave para promover interacciones ricas de sentido formativo.

La relación educativa “donbosquiana” cuida los matices de las expresiones: gesto, palabra, actitud y, al mismo tiempo, los contenidos que comunica. Estos nunca deben caer en la banalidad, en el pesimismo, en la ambigüedad. Cabe aquí referir a uno de los principios educativos de Don Bosco, el cual valoraba la relación interpersonal con los jóvenes, destacando al “patio” como un espacio clave, un lugar de encuentro, un espacio privilegiado para conocer a los jóvenes, para compartir con ellos, para formarles, para acompañarles, para prevenir, para animar y animarlos.

Más que Aula Segura, Democrática o de Convivencia, se debe re significar al Aula (sin adjetivos) como el espacio educativo en que interactúan actores educativos y agentes pedagógicos, en el marco de una pedagogía del acompañamiento y el de una comunidad que forma, proporcionando al aprendizaje el mayor sentido de transformación de las personas.  

Siguiendo las múltiples referencias sobre la experiencia formativa de Don Bosco, en éste se encuentra un saber pedagógico fecundo capaz de iluminar los problemas educativos más candentes de nuestro tiempo, y un modelo educativo de particular actualidad que recoge no solo los aspectos más preciados de una larga tradición educativa, sino además se funda en principios y valores permanentes que constituyen los pilares sobre los que se asienta su propuesta educativa, como es el Sistema Preventivo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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